El 20 de marzo de 1966, la copa Jules Rimet desapareció del Central Hall de Westminster, en pleno centro de Londres. El trofeo estaba expuesto para que los londinenses pudieran contemplar de cerca la copa –de oro macizo y valorada en 30.000 libras esterlinas de la época– que iban a disputarse las mejores selecciones del mundo apenas tres meses después.

La repercusión que tuvo el robo fue enorme. Nadie supo cómo el ladrón pudo aprovechar la celebración de un oficio religioso en el edificio donde se exponía para llevarse la copa sin ser visto. “England loses de World Cup”, tituló algún diario de la época no sin cierta sorna.

Un collie de Upper Norwood

Mientras Scotland Yard, una de las policías más prestigiosas del mundo, buscaba sin cesar a los delincuentes con la intención de recuperar el trofeo, Dave Corbett sacaba a pasear a Pickles, su collie. Caminaban por el barrio de Upper Norwood cuando Pickles se detuvo frente a un paquete envuelto en papel de periódico que halló en el suelo y comenzó a olfatearlo. Corbett se agachó, lo recogió y descubrió sorprendido que se trataba de la copa Jules Rimet que había desaparecido una semana antes.

Corbett acudió con el trofeo a la policía, que inmediatamente le consideró sospechoso. Despejadas las dudas sobre su implicación en el robo, las miradas se centraron en Pickles, que se convirtió en un héroe. El perro recibió un premio económico que permitió a su dueño adquirir la casa en cuyo jardín está enterrado, alimentación gratis por un año e incluso saltó a la gran pantalla. Pickles protagonizó “The Spy with a Cold Nose” (una comedia de espionaje rodada en plena guerra fría en la que el perro se infiltraba en la Unión Soviética con la intención de obtener información), participó en diversos programas de televisión e incluso recibió ofertas para viajar a Chile, Alemania o Checoslovaquia que su dueño descartó para no hacerle pasar periodos de cuarentena. Delirante.

Inglaterra gana la Copa Jules Rimet

Con la vuelta a la tranquilidad y el trofeo a buen recaudo, la Copa del Mundo comenzó sin problemas. El 30 de julio de 1966, en el Estadio de Wembley. Inglaterra –que la había perdido cuatro meses atrás– lograba ganarla para lucirla en sus vitrinas.

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Sir Bobby Moore recoge la copa Jules Rimet de manos de la reina Isabel.

La euforia se desató de nuevo en las calles de Londres y un nombre volvió a sonar entre los aficionados y la prensa: Pickles. El perro y su dueño acudieron a la fiesta de celebración de la selección inglesa, donde Sir Bobby Moore –el capitán que recibió el trofeo de manos de la reina Isabel II– y sus compañeros le recibieron con júbilo.

Atrás quedaron las duras críticas recibidas por el robo, especialmente desde Brasil, donde se consideró un sacrilegio que jamás habría pasado allí porque “en Brasil hasta los ladrones aman el fútbol”. Unas críticas que arreciaron en el propio Reino Unido cuando se supo que la operación de seguridad para proteger la exposición de la copa se limitaba a un guardia de más de 70 años que se había tomado un descanso para cenar.

Paradójicamente y pese al amor de los ladrones brasileños por el fútbol, la Copa Jules Rimet fue robada de nuevo en 1983 en Río de Janeiro. Jamás fue recuperada.