Pellegrini, el desmemoriado

A Manuel Pellegrini el mundo del fútbol le tenía por un caballero. Buen entrenador que había dado que hablar tanto en Villarreal como en Málaga, fue masacrado por el entorno del Real Madrid y ello provocó que su personaje levantase, incluso, admiración después al frente de ese Málaga que rozó las semifinales de la Champions League. Tipo de discurso educado, sin embargo, el martes se transformó por completo y argumentó la derrota del Manchester City en el arbitraje. No constaba en el pasado un parlamento de tales características y chocó, mucho, su actitud y excusa. Así que obligó a tirar de historia, de hemeroteca… Y quedó retratado.

Como un Mourinho cualquiera, el técnico chileno desvió toda atención y escondió su propia mediocridad para señalar a factores externos. Todavía embobado por descubrir que eso de la posesión no podía ni discutirla, el técnico apuntó a una falta y un penalti fuera del área. Y se guardó mucho de referirse a las manos de la primera mitad. Como nada dijo tampoco del gol mal anulado al Barça en la segunda. En su película mourinhista esas jugadas simplemente no existieron.

Manuel Pellegrini, el Ingeniero educado que dejó al árbitro Jonas Eriksson por los suelos, es alguien que en el pasado nunca se refirió a ellos. La razón es simple: cuando el arbitro te echa una mano, es una circunstancia que ni tan solo merece un comentario. Y hasta cuatro veces queda entonces en evidencia el chileno.

En la temporada 2005-06, la segunda que dirigió al Villarreal, condujo al Submarino Amarillo hasta las semifinales de la Champions. Allí se quedó porque Lehman, en el último minuto, le atajó un penalti a Riquelme que habría supuesto la prórroga. Una pena llorada por toda la España futbolística que, como él, no se refirió a que ese penalti de Clichy a José Mari fue, en opinión general, más que dudoso. Arbitró ese partido el ruso Valentin Ivanov, de quien Pellegrini no dijo absolutamente nada.

Como tampoco había hecho en los octavos de final, cuando el Villarreal ganó por 1-0 al Inter clasificándose por el doble valor de los goles en campo contrario. Kyros Vassaras, el árbitro griego, miró a otro lado en una caída de Adriano en el área en el minuto 87 del encuentro que protestó amargamente mientras el entonces entrenador del Villarreal miraba hacia otro lado.

Todavía al frente del equipo castellonense, en la temporada 2008-09, el austriaco Konrad Plautz le regaló un penalty a Rossi en El Madrigal para que el Villarreal empatase frente al Panahinaikos. En la vuelta sentenció ganando 1-2, aunque, claro, no era lo mismo viajar a Grecia con un 0-1 en contra. Del nivel de la Liga austriaca no encontramos ni una mala palabra de Pellegrini…

Tras pasar un año tormentoso en el Bernabéu, el chileno aterrizó en Málaga y en su último curso rozó la gloria continental. Bueno, acabó la aventura en los cuartos de final frente al Borussia Dortmund con una eliminación cruel en Alemania. Aunque para llegar hasta allí también tuvo su ‘empujoncito‘ en los octavos de final, cuando el equipo andaluz remontó el 1-0 del Oporto con un severo arbitraje del italiano Nicola Rizzoli, quien si bien es cierto que anuló un gol legal a Saviola, se encargó de ayudar en arrodillar al equipo luso expulsando a Defour.

Educados en la victoria, a los entrenadores las derrotas suelen desnudarles. Es lo que le ocurrió a Manuel Pellegrini el martes en Eastlands. Su bagaje ante el Barça es aterrador puesto que de 23 partidos solamente le ganó cuatro y ya suma quince derrotas. Entusiasmado al frente de un acorazado millonario, apuntó el lunes que iba a presentarle batalla al Barça con sus mismas armas para quedar en evidencia en apenas cinco minutos de partido.

Cierto es que el Manchester City le plantó cara en la segunda mitad, pero lo hizo muy alejado de ese argumentario que presentó su entrenador. Lanzado al ataque, al más puro estilo británico y con apenas una jugada destacada (preciosa) que mostrase algo de lo que anunció.

Al final todo quedó al descubierto. «Nos robó el árbitro» clamó el Ingeniero que descalificó tanto al fútbol sueco como a un señor del que dijo que favoreció al Barça porque le había perjudicado en el pasado. Y es cierto, eso había ocurrido. Y, es verdad, Pellegrini, como Mourinho, ha demostrado que estudia tanto a los árbitros como a los rivales. Así tiene coartadas preparadas para cualquier ocasión.

Por suerte, los medios ingleses, que no le deben nada a él ni a nadie, le dejaron en evidencia de la peor manera. Porque, mejor o peor en cuanto a juego, la Inglaterra futbolística sigue un mundo por delante. Y nadie se deja engañar por palabras vacías y excusas baratas.

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