Pedri se exhibe en un gran Barça

Ganar tres partidos consecutivos. Ese era el reto de un Barça que llevaba mucho tiempo sin hacerlo. Y ningún escenario parecía más propicio, tras la victoria en Nápoles, que la visita de un Athletic Club más pendiente de la semifinal de Copa ante el Valencia que de uno de los clásicos de la Liga.

Que no siempre se puede tener la demoledora eficacia del estadio Diego Armando Maradona es una evidencia innegable, como lo es que cuando se tiene una idea clara de juego todo fluye mejor.

Dispuso Xavi sobre el césped un equipo sin zurdos, puesto que eligió a un renacido Sergiño Dest para suplir la baja por sanción de Jordi Alba. El norteamericano parece más centrado que en los meses anteriores y se entendió bien con un Ferran Torres que volvió a hacerlo todo bien salvo afinar la puntería. En la otra banda, Gavi apoyaba el dinamismo posicional de Dani Alves mientras Adama se empeñaba en infundir miedo en los laterales vascos.

Entre la primera ocasión clara de gol –desperdiciada por Gavi tras una excelente combinación entre un maravilloso Pedri y Ferran– y el gol que rompía el empate inicial transcurrieron apenas 20 minutos. Y si lo habitual es llegar al remate a través de la combinación, este Barça ha comenzado a sacar partido también del balón parado. Un córner servido por Dani Alves fue rematado al larguero por Piqué, pero Aubameyang emergió para recoger el rechace y enviarlo a la red haciendo gala de sus tablas de delantero centro.

Jugaba a placer el equipo de Xavi, moviendo el balón con velocidad y criterio, consolidando los automatismos y creando los asideros tácticos a los que agarrarse y que tanto se echaron de menos en las últimas temporadas.

Marcelino movió piezas, dio entrada a Sancet y el Athletic pareció dar un paso adelante para presionar a un Barça que comenzaba a necesitar un segundo tanto para que su dominio no pasara apuros. Pasado el cuarto de hora de la reanudación, Xavi recurrió a Frenkie de Jong y a Dembélé para refrescar el once, retirando al incansable Gavi y a Ferran Torres.

Y fue el francés, en una contra bien llevada por Frenkie de Jong, quien se encargó de poner el dos a cero en el tanteador. Dembélé recogió el balón del neerlandés en el vértice del área, encaró al defensa y lanzó un zurdazo que Unai Simón, impotente, solo pudo mirar.

A partir de ahí y pese a la entrada de Iñaki Williams, el Barcelona se gustó jugando, sacando el balón con calma, triangulando, moviendo y tocando, pero sin renunciar a la velocidad en la salida que aportan los extremos y un De Jong que cada vez se parece más al jugador que brilló en el Ajax.

Pero si el equipo tuvo una luz propia, esa fue la que aportó Pedri. El canario dirige, manda, templa, controla el ritmo del juego y se permite detalles reservados a los grandes, como el caño de tacón con el que se deshizo de Balenziaga o la descomunal jugada que dio origen al 3-0, obra de Luuk de Jong.

Ha encontrado Xavi un equilibrio entre la veteranía de Piqué, Busquets, Alba y Alves con la insolencia y la clase de jóvenes como Gavi, Pedri, Nico o Dest. Si a eso se añade la más que evidente mejora de De Jong y el rendimiento de Dembélé, con un tanto y dos asistencias (la última al reaparecido Memphis), la tendencia de los últimos partidos no puede observarse más que con optimismo.

Veremos para qué alcanza.

Foto: FC Barcelona

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