Pau Escalé: “Quiero morirme de contento, no de viejo”

“Quiero morirme de contento, no de viejo, de contento quiero morirme”. Estas palabras las pronunciaba un joven catalán que, después de superar una lesión de rodilla y la opinión del cirujano de apartarse completamente de la montaña, se había convertido en uno de los máximos exponentes europeos de la escalada extrema en cascadas de hielo.

Pau Escalé, atleta del equipo Arc’teryx, vivía obsesionado con el hielo. Deseaba disfrutar de doce meses de frío ártico y no el clima que le tocaba vivir en Vic, donde trabajaba. Digo trabajaba porque allí vivía durante los días laborables. Los días festivos los pasaba en el Mont Blanc. Cada viernes de los meses de invierno recorría los 900 kilómetros que separaban Vic de Chamonix para regresar el domingo. Pero allí se quedaba su espíritu. Ese no volvía para trabajar el lunes siguiente. Ese le esperaba en un sueño para encontrarse con él cada día al terminar la jornada laboral y el viernes para juntarse y poder escalar en las cascadas de hielo que el invierno alpino había creado. Incluso a veces para tomar una cerveza porque las condiciones del hielo no eran óptimas y aquel fin de semana iba a recorrer 1.800 km para tomar una simple cerveza, o dos.

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La escalada extrema en hielo es una de las modalidades de escalada más peligrosas que existen. A diferencia de la escalada en roca, la pared por la que subes se ha creado hace pocos meses. No lleva allí siglos esperando a que alguien la conquiste. Muchas veces no hay una vía abierta y al acabar el invierno, la vía desaparecerá con los primeros rayos de sol de la primavera para convertirse seguramente en agua embotellada que nos calmará la sed en verano.

Incluso, la vía puede parecer segura y partirse justo a la mitad del camino. “Es mecánica pura, ya lo sabes. Este elemento, esta forma, este ruido… más o menos intuyes como responderá. Por la rigidez del hielo. Por la temperatura. Por las condiciones ya sabrás como está. Por lo tanto, en vías muy extremas no puedes estar allí calculando y pensando y luchando contigo mismo a ver si se caerá la vía, si tienes miedo, si te aguantará, si no sé qué. Es como tocar un instrumento. Es como improvisar. Un músico cuando está improvisando simplemente está cogiendo la música y tal como le entra la vuelve a sacar, directamente, es tal y como le entra, es instantáneo. No siente la música, la piensa y toca… no acabaríamos nunca”.

Esta manera de entender la montaña en su vertiente más extrema le llevó a intentar la conquista de los enormes bloques de hielo de los cuales el resto de alpinistas y escaladores huyen como de la peste, los seracs. El nombre de serac proviene de Suiza y es un tipo de requesón. Quizás la inestabilidad de estas grandes formaciones de hielo le llevaron a bautizarlos así. Lo que está claro es que estas formaciones son totalmente imprevisibles. Suelen desprenderse sin avisar y se encuentran en la mayoría de los glaciares de los Alpes, como la cara noreste del Piz Roseg (3.937 m), la cara norte de la Dent d’Hérens (4.171 m) y la cara norte del Lyskamm (4.527 m). Para hacernos una idea de su peligrosidad, las caídas de seracs enre 1914 y 1983 causaron 124 víctimas en Suiza. En agosto de 2008, un desprendimiento sepultó a 11 escaladores en la segunda montaña más alta del mundo, el K2.

Un buen día empezamos a creer en los seracs y empezamos a pensar que, a veces, ya es descabellado de por sí escalar según qué tubo extremo de hielo. Pero depende de ti porque si la estructura es muy fina y no eres capaz  de hacer lo que técnicamente te pide, la partirás y te irás volando. En un serac no hay ese tipo de problemas. Son miles de millones de toneladas de hielo compactado, bien apalancado en un rincón de la montaña que te está llamando las veinticuatro horas del día, los 365 días del año hasta que te quedas sordo. Y al final dices, tela, ya no oigo nada más y tienes que ir“.

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Y llega marzo y con él la primavera, el deshielo y aumenta el riesgo. El 10 de marzo de 2012, mientras escalaba en el Cirque de Gavarnie, una cascada de hielo se partió una vez la había superado. Las fijaciones le arrastraron y acabaron con su vida. La cascada de Gavarnie es una de las más altas de Europa, con más de 400 m de caída vertical. Situado en los Pirineos, en la comuna francesa de Gavarnie (Midi-Pyrénées), dentro del Parque Nacional de los Pirineos. Es uno de los sitios más visitados de todos los Pirineos franceses y está catalogado como un Grand site national de Francia.

Murió haciendo lo que realmente le hacía feliz. Murió contento y seguro que su espíritu se fusionó en un gran serac y hoy ayuda a sujetar los piolets y los crampones de los escaladores que siguen su estela y sus vías. “La roca sirve para sujetar el hielo, el agua sirve para formar hielo y el aire sirve para respirar y poder escalar en hielo. Todo. Todo sirve solo para escalar en hielo”.

A continuación podéis ver el documental Go to the Parad-Ice –que incluye una entrevista en profundidad en la que Pau Escalé habla de sus actividades, motivaciones y pensamientos– que se ha convertido en el testimonio de sus dos últimos meses. Un documento único para entender las ganas que tenía de vivir la vida en toda su intensidad y que cada fin de semana, camino a los Alpes, le hacía gritar “Go to the Parad-Ice! Gaaassss!”. Con guión de Eduard Miguel y realizado por Zeba Produccions.

Mucho más intimo, el documental Gel a la sisena dimensió realizado por Zeba Produccions con guión de Rafa Vadillo muestra imágenes de sus ascensiones más extremas en las paredes de hielo alpinas.

 Fotos: Arc’teryx

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