Cuando el marcador final de un encuentro es de 45-7, no hay demasiada historia detrás que explicar. Ni grandes gestas ni momentos emocionantes que quedan para el recuerdo, ni tampoco esos finales que hacen de la NFL el deporte más emocionante que existe. Ese resultado, más acorde a un partido de pretemporada (o al de la última Super Bowl), es el que se dio en el último partido del domingo, el que coronaba al campeón de la conferencia Americana. Los Patriots de Nueva Inglaterra, la franquicia más dominante que ha conocido este siglo, se impusieron con mucha comodidad a los Colts de Indianápolis en un choque que acabó poco después de que diese comienzo la segunda mitad.

Los Colts son el rival perfecto para los Patriots, tanto es así que uno sospecha si no está diseñado para ello específicamente. Las virtudes del juego de los de Belichick casan maravillosamente con los defectos que intenta disimular el conjunto de Pagano. Sin embargo, cuando la diferencia de talento entre las dos plantillas es tan evidente y el rival cuenta en la banda con el mejor entrenador que ha habido en las dos últimas décadas (sino en la historia), lo más probable es que esas imperfecciones que se intentan maquillar queden expuestas como si fuesen vistas a través de un televisor con resolución 4k. Desde que comenzó el proceso de reconstrucción de los Colts después de la marcha de Manning, los de Indiana han jugado cuatro veces contra los Patriots y dos de ellas en playoffs. Los marcadores han sido los siguientes: 59-24 (2012, en Foxborough), 43-22 (enero de 2014, Ronda Divisional, también en Boston), 42-20 (2014, en Indianápolis) y el 45-7 del partido del domingo. Podría argumentarse (y con cierta razón en ello), que no sólo la distancia no se ha acortado, sino que ha ido a más.

Nate Solder (en medio de  la piña) rodeado de sus compañeros tras anotar un touchdown. El tackle, acostumbrado a bloquear para dar tiempo a Brady, recibió de este su primer pase de TD el pasado domingo.

Nate Solder (en medio de la piña) rodeado de sus compañeros tras anotar un touchdown. El tackle, acostumbrado a bloquear rivales para dar tiempo a Brady, recibió de este su primer pase de TD el pasado domingo. Los últimos partidos de los Patriots contra los Colts suelen tener final feliz para los de Boston.

A estas alturas, con los Patriots viajando hacia su sexta Super Bowl en catorce años después de jugar su cuarta final de conferencia consecutiva, no hace falta decir que los de Nueva Inglaterra son muy complicados de ganar. Con Belichick no sabes nunca lo que te espera: puede olvidarse de correr todo el partido como contra Baltimore y luego correr la semana siguiente cuarenta veces la pelota contra Indianapolis y ganar ambos partidos. Contra ellos no puedes ni descuidar la carrera ni el pase y si crees que has solventado los problemas de la última vez, pueden pasar dos cosas: te los volverán a exponer o te encontrarán otros nuevos.

Así son los New England Patriots y por eso es tan difícil apearlos de los últimos partidos de la temporada. Ante los Colts se habían caracterizado por correr el balón en los últimos encuentros, hasta tal punto que la prioridad número uno de la franquicia de Jim Irsay el año pasado era evitar que volviera a pasar lo mismo esta temporada. No sólo sucedió una vez, sino dos. Los Pats dominaron por tierra a los Colts como visitantes en noviembre y les pasaron por encima de nuevo el pasado domingo. En noviembre fue Jonas Gray, en enero ha sido Blount, repescado de los Steelers. Al fin y al cabo, los nombres son lo de menos en los esquemas de Belichick y por eso prescinde de tanta facilidad cada temporada de jugadores que parecen claves en el éxito de su club y al final se demuestra que no lo eran tanto. Si no hubiese sido Blount, otro corredor habría asfaltado a los Colts. Para el veterano entrenador, lo importante es que cada jugador haga su trabajo y sea responsable por él. Si no lo es, bajará hasta el final del depth chart (la lista con el orden de los jugadores para cada posición) igual de rápido que ha subido, y otro jugador salido de la nada tomará su puesto. Por algo el lema que caracteriza a Belichick es “do your job” (haz tu trabajo).

LeGarrete Blount (29) encontró huecos durante toda la noche para hacer daño por tierra a los Indianapolis Colts. Después de volver a los Patriots tras su breve periplo en Pittsburgh, Blount cumplió a la perfección con lo que pedía Belichick: seguir los bloqueos de la línea y no perder la pelota.

LeGarrete Blount (29) encontró huecos durante toda la noche para hacer daño por tierra a los Indianapolis Colts. Después de volver a los Patriots tras su breve periplo en Pittsburgh, Blount cumplió a la perfección con lo que pedía Belichick: seguir los bloqueos de la línea y no perder la pelota.

En el otro lado del campo, Andrew Luck completó un partido horroroso en el plano estadístico y discreto en general. No tuvo ayuda en ningún momento de su línea ofensiva ni de sus receptores y los Colts tuvieron que abandonar el juego de tierra tan pronto como New England cogió una ventaja significativa en el marcador. Mientras aún había partido (es decir, en la primera parte), el ataque dirigido por Luck consiguió lo siguiente: dos tres y fuera, un field goal de 51 yardas fallado y un magnífico drive de 93 yardas que acabó en touchdown que situaba el 14-7 en el marcador a mitad del segundo cuarto. Nada mal para un partido de playoff. Sin embargo, cuando los Colts volvieron a tocar la pelota en la segunda parte ya iban 24-7 abajo. Con TY Hilton fantásticamente protegido por la defensa de los Patriots -qué trabajo el de los entrenadores de New England para eliminar siempre a la mayor amenaza del rival-, Allen y Fleener desaparecidos y Wayne, Moncrief y Nicks transparentes, remontar 17 puntos era una tarea casi imposible para los de Indianápolis. Y más tal como estaban jugadores como Collins, Ninkovich o el muy infravalorado safety McCourty.

En los momentos de desesperación llegaron las dos interceptaciones a Luck, con el partido ya perdido, que harán que más de uno y de dos sigan hablando del problema que tiene con las pérdidas de balón (problema que existe, pero que no fue tal el domingo) y el festín de Brady y los suyos. Los Patriots no levantaron el pie del acelerador hasta que quedaban dos minutos para la conclusión del encuentro, momento en el que entró Garoppolo substituyendo a Tom. Hasta entonces, se habían jugado incluso algún cuarto down. En esa noche de domingo, terriblemente lluviosa, podrían haber probado a pasar con el pie y seguramente también les hubiese servido para llegar a la Super Bowl. No les hizo falta ni echar mano de Gronk hasta que el partido se convirtió en un entrenamiento.

Rob Gronkowski anotando su touchdown bien entrada ya la segunda parte. Estuvo bien defendido (y poco buscado) durante gran parte del encuentro. Los Colts habían hecho de la defensa del tight end una prioridad y al final Belichick consiguió ganar sin tener que recurrir a él.

Rob Gronkowski anotando su touchdown bien entrada ya la segunda parte ante Greg Toler (28). Estuvo bien defendido (y poco buscado) durante gran parte del encuentro. Los Colts habían hecho de la defensa del tight end una prioridad y al final Belichick consiguió ganar sin tener que recurrir a él.

Por lo que respecta a los Colts, es una derrota que duele y más sabiendo que el objetivo para la temporada era no acabar de la misma manera. Sin embargo, este año no puede considerarse menos que un éxito para la franquicia de Irsay. Con el talento que hay en la plantilla (sin Andrew Luck y en una división normal serían un equipo de 4 o 5 victorias como mucho), llegar hasta la final de Conferencia es un gran logro, aunque fuese a costa de un Manning lesionado. Ha habido mejora este año, pero el front seven es demasiado débil para frenar buenos ataques por tierra y la baja de Mathis dejó tocado de muerte el pass rush. Con fichajes más acertados en la agencia libre, buenas elecciones de draft y la mejora paulatina del ataque, los Colts están a un par de años de ser una franquicia que compita cada año por llegar a la Super Bowl. Mientras tanto, tanto el club como sus aficionados deberían estar agradecidos de haber llegado hasta el penúltimo partido del año sólo tres años después de haber despedido a Manning. El futuro es muy prometedor en Indianápolis y el presente ya es alentador, sólo que no lo suficiente para no ser totalmente eclipsados por la franquicia que todos aspiran a ser.

Los Patriots vuelven a la Super Bowl y, pacto con el Diablo mediante, parecen mejores que nunca.