Paco Jémez, el suicida

Cada año, más o menos por estas fechas, Paco Jémez tiene que escuchar lo de la ‘táctica suicida‘ de su equipo cuando le toca enfrentarse al Barça o al Madrid. Seguramente porque la mayoría de la gente ignora la existencia del Rayo hasta que se enfrenta a los grandes, ese sambenito ha acabado por tener éxito. Sin embargo, el trabajo de este cordobés de 44 años que lleva desde 2012 al frente del Rayo Vallecano merece la atención de muchos más ojos de los que le miran ahora.

En dos temporadas completas, el Rayo de Jémez ha vivido una situación similar: empezar mal y descolgarse en la clasificación para, finalmente, remontar y acabar en dos más que dignas posiciones. Sin duda, parte del mérito de esos logros debe recaer sobre la directiva del club, que supo mantener al técnico en plena vorágine de malos resultados, pero de nada habría servido la paciencia sin la maravillosa terquedad de Jémez a la hora de mantener viva su concepción del fútbol.

Como jugador, Paco Jémez fue un central duro, rápido y con un buen don para colocarse en el césped, pero jamás fue un dechado de virtudes técnicas. Era un defensa de aquellos que antes se llamaban ‘leñeros‘. Como entrenador, sin embargo, su apuesta ha sido siempre hacer que sus equipos jueguen al fútbol, entendiendo como fútbol ese deporte que consiste en pasarse el balón entre compañeros con el objetivo de introducirlo en la portería rival.

La ‘táctica suicida‘, pues, no es otra que hacer que sus futbolistas jueguen al fútbol. Y mal no le habrá ido cuando ha logrado situar al Rayo en 8ª y 12ª posición con un equipo y un club en una precaria situación económica. Cuentan que fue Guardiola quien le contagió el gusanillo del golf, y quién sabe si también el modo de juego del que el ahora es entrenador del Bayern es el principal estandarte. Jémez no mea colonia, es directo con la prensa (que se lo digan a Hermel), a veces habla con rudeza y no le tiembla el pulso al sustituir a un futbolista a los pocos minutos si interpreta que su actitud no es buena. No hay más que preguntar a Arbilla, sin ir más lejos.

Jémez es un técnico honesto, fiel a sus ideas y que seguramente algún día debería recibir el premio de entrenar a un grande. Mientras eso no ocurra, seguirá ‘suicidándose‘ contra Barça o Madrid a ojos de quienes no ven más allá de sus narices, continuará trabajando para divertir a su público de Vallecas e intentará demostrar al mundo que se puede jugar bien al fútbol y tratar con mimo el balón sin piqués, xavis, modrics o iniestas.

Por el momento, los resultados le avalan ante los suyos y frente a aquellos rivales que cambian su manera de jugar frente a los grandes. José Luis Mendilíbar, por ejemplo, salió con su Levante frente al Barça con un planteamiento defensivo absolutamente contrario a su filosofía futbolística. Quiso evitar las goleadas encajadas por ser valiente con Valladolid y Osasuna, pero acabó perdiendo el partido.

Hay muchas maneras de jugar al fútbol, pero generalmente se gana más haciéndolo bien. Jémez lo tiene claro, como lo tienen otros técnicos que huyen del autobús en el área propia y conciben el fútbol como un espectáculo al que acude gente que quiere ver ganar a su equipo, pero también divertirse.

Y mientras nada cambie, la suicida tendencia de cada temporada seguirá llenando páginas y minutos en los medios durante un par de días cuando merecería mucha más atención. Ahora nos olvidaremos de Paco Jémez hasta que le toque jugar contra el Madrid o rendir visita al Camp Nou, quién sabe si por entonces condenado o ya salvado y cerrando bocas a los amantes de las etiquetas.

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