Otro esperpento táctico del Barça

El Camp Nou despedía el verano con una noche desapacible, oscura, fresca y pasada por agua después de que durante todo el día se cernieran sobre Barcelona nubes tan negras como el presente del Barça.

Para hacer frente al Granada, Ronald Koeman sacudió la línea defensiva alineando a Èric Garcia, Araujo, Dest y Balde, confiando la zaga a cuatro futbolistas con una media de edad ligeramente por encima de la veintena.

No tardó el equipo de Robert Moreno en dejar claro a los 27.097 aficionados que se acercaron al Camp Nou que hoy también tocaría masticar tierra. Antes de cumplirse el segundo minuto de juego, Escudero bailó con un tierno Busquets y puso un centro tenso que Duarte cabeceó a la red. 0-1 cuando nadie había roto a sudar aún.

El panorama era aterrador. Dest subía la banda una y otra vez y Machís aprovechaba la autopista hacia el cielo que se abría a sus espaldas; Coutinho figuraba en el acta pero no hacía acto de presencia, Busquets se colocaba entre los centrales para sacar el balón mientras el Granada se lo miraba desde su área y solo Sergi Roberto, blanco de la ira de los aficionados el día del Bayern, parecía tener una idea de lo que necesitaba el equipo. Suyo fue un remate al poste al cuarto de hora, el único intento de intimidar al equipo nazarí junto a los dos remates de Araujo, que hizo prácticamente de 9 en el pequeño arreón de cuatro minutos del equipo local.

Con un rival encerrado atrás, el panorama en la reanudación parecía el ideal para Luuk De Jong, el delantero pedido por Koeman para situaciones en las que su escaso bagaje táctico echa mano de los centros a la olla. Pero no fue el neerlandés, sino Araujo, quien tuvo en su cabeza el gol del empate, aunque remató desviado sin intimidar a Maximiano.

Sin orden de ningún tipo, el Barça encomendaba la posible remontada al corazón de Memphis y a los pulmones de Frenkie De Jong, que intentaba recomponerse de su flojo partido ante el Bayern ayudado por las ganas de Demir y Gavi, muy activos como siempre que disponen de minutos.

Koeman declaró en la previa del partido que Riqui Puig debía mejorar muchas cosas para jugar. Cómo debió ver el técnico el partido que le concedió los 15 minutos finales en un doble cambio que situó a Piqué como delantero centro, posición que compartió con Luuk De Jong mientras el centro del campo era para Frenkie y el habitualmente condenado Puig. Equipo partido en otro disparate táctico frente al rival ante quien se comenzó a perder la liga pasada y, sobre todo, la dignidad.

Pero quiso el azar premiar el enorme esfuerzo de Araujo con el gol del empate en el 89 cuando se respiraba más ambiente de derrota y resignación que nunca. El central uruguayo se erigió en el héroe blaugrana de la noche, si es que el barcelonismo se conforma ya con herocicidades consistentes en empatar en casa contra el Granada.

A lo mejor eso es lo que hay…

Foto: FC Barcelona

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