De Barcelona a Tel-Aviv y de allí a Brighton. Ha bastado un año y medio para confirmar el crecimiento que a Òscar García se le adivinaba en los banquillos. Si debutó ganando el triplete con el juvenil del Barça, se catapultó dirigiendo al Maccabi a su primer título liguero en diez años y en cinco meses ha convertido al Brighton & Hove Albion en referencia en la segunda división inglesa, un reto con el que sorprendió el pasado verano, eligiendo a un club alejado de la élite en la que muchos le presuponían.

“Me llamó la atención que me vinieran a buscar y que aceptasen sin dudarlo el proyecto que les ofrecí” rememora Òscar, quien recuerda que su acuerdo con los Seagulls “fue inmediato”. La hoja de ruta era innegociable. Claro en su apuesta, el discurso del entrenador catalán fue breve en su presentación y le costó poco hacerse entender. Alejado de los parámetros británicos de siempre, mostró la personalidad del Barça como ejemplo a seguir. Salvando las distancias, el objetivo, su objetivo, era que el Brighton persiguiera el éxito a través de un fútbol ‘diferente’. Y en ese camino está el equipo.

“Me deje seducir rápido. Tenía otras propuestas pero me guío por instinto y pensé que aquí estaría a gusto, que entendieron lo que yo quería, lo aceptaban y que me dejarían trabajar a mi manera” advierte el técnico, cerrado en banda cuando se le pregunta por esas ‘otras propuestas’ porque “no vale la pena hablar de lo que no es”. Lo que sí vale la pena es comprobar, in situ, la forma en que ha encajado en la aventura.

Òscar imaginaba la magnitud del reto pero aún hoy está “alucinado” por la igualdad en esta segunda división en la que PREMIenlazar cinco victorias “es dificilísimo”. Dos peldaños por debajo del ascenso directo, el Brighton lucha por entrar en las plazas de play-off sin apartarse un milímetro de la idea que puso en práctica su entrenador el primer día. “No es fácil mantenerse firme” admite el técnico, al que el galardón concedido por la Liga de ‘Mejor entrenador del mes’ de noviembre ha supuesto la confirmación. “Es un premio al trabajo de todos, del equipo, los técnicos y también para agradecer a los aficionados por creer en nosotros” destaca.

Casi seis meses después de aterrizar, se descubre hasta donde llega su ascendente en el club. Se ha ganado la confianza de unos medios que le recibieron con dudas y que no ocultaron su sorpresa ante el riesgo de sus planteamientos, la afición corea su nombre en el Falmer Stadium y le es imposible abandonar el campo sin despedirse de los hinchas, se multiplican los actos en los que le reclaman en la ciudad y Tony Bloom, el peculiar dueño, está encantado con él.

La igualdad en la segunda inglesa se desmuestra con los dos últimos resultados del Brighton. Cuatro días después de perder con el colista Barnsley, el equipo bailó al líder, el Leicester, que cayó por 3-1 después de una primera mitad de vértigo de los Seagulls, “el mejor partido de la temporada” en palabras de Brian Owen, periodista que sigue la actualidad del equipo y que admite la sorpresa “agradable” que ha supuesto en todos los ámbitos la presencia del nuevo entrenador.

“Es tan constante como discreto. Tranquilo, no se le ve nunca perder la compostura… Y es un choque ver como gane o pierda el equipo, se mantiene en el juego, no cambia” asegura un periodista para quien el cambio respecto a la época de Gustavo Poyet “es muy claro. Poyet era muy apreciado por la gente, pero Òscar ha conseguido hacerse con todo el mundo porque va de frente, con tranquilidad pero seguro en lo que hace”.

Cuando se le traslada esa imagen, Òscar se sonríe. “A ver si se pensarán que soy un blando…” bromea antes de admitir que esa forma de actuar es la que ha utilizado desde que empezó a entrenar “y no me ha ido tan mal. Lo que pasa es que la imagen que puedo transmitir fuera es distinta a la tensión que mantenemos dentro”. Lo principal, asevera “es la idea, el convencimiento de lo que planteas y que el equipo te siga”. Y le siguen. Se nota en las miradas que se cruzan durante los partidos, se adivina viendo, en el choque frente al Leicester, como un enorme Bruno Saltor se felicitaba con Adam El-Abd poco después de marcar Conway el 2-0 por una cobertura inesperada. O por la manera en que se echaba el equipo a la espalda David López, un líder capaz de engrandecer a sus compañeros.

“Es un buen grupo. Saben qué quiero de ellos, lo que les exijo, lo que buscamos todos y cómo trabajarlo. Puede parecer fácil, pero el desarrollo de una idea que es diferente para los jugadores cuesta” asevera el entrenador, quien reconoce que es capaz de machacar en los entrenamientos un movimiento determinado, una cobertura, una presión… “A base de repetir los conceptos, de corregir, es como se mejora”.

FOTOOSCAR¿Puede ascender este equipo? La pregunta incomoda porque “esta liga es durísima. Ahora mismo, acercándonos a la mitad de la temporada, hay hasta 14 equipos que siguen pensando en el ascenso. Creo que solamente el Burnley encadenó seis victorias seguidas; el Leicester, que era líder, ha perdido tres de los últimos cinco partidos, el Derby, que estaba en media tabla, lleva cinco victorias y es cuarto, al Wigan le daban como favorito y está por debajo…”. Hablar de conjeturas, con estos resultados lo aventura “una temeridad”.

Temeridad o no, el Brighton se mantiene firme en esa idea preconcebida que estrenó Òscar cuando se hizo cargo del Barça juvenil en el verano de 2010. ‘Hijo de Cruyff’, no reniega, sino todo lo contrario, de una filosofía futbolística que aprendió siendo un crío en la cantera azulgrana. Johan le reclutó para ser su ayudante en la selección catalana y puesto en materia, en cuanto voló solo contempló un camino innegociable.

Si se diera a Cruyff la paternidad de la idea, puede ser la era de Guardiola el ejemplo mayúsculo de ella, pero a la sombra del hoy entrenador del Bayern crece una hornada de técnicos que, en mayor o menor medida y con sus rasgos personales, mantienen ese orden establecido.

Y como es el Barça el núcleo de todo, es inevitable girar los ojos hacia el Camp Nou. Por difícil que resulte a un culé declarado hablar de ello Òscar no esquiva, sino todo lo contrario, la polémica que ve a lo lejos. “Siempre que hay un cambio de entrenador existe debate” admite un técnico que considera que Martino sabe lo que se hace: “No es fácil encajar en un club como el Barça llegando desde fuera, pero los resultados le están avalando y hay que darle tiempo”. Es la comunión del argentino con los jugadores donde contempla la clave “pero un equipo como este Barça merece todo el crédito”.

Podría decirse que es el crédito que él, sin prisa pero sin pausa, sigue adquiriendo en Brighton. Una etapa más en su crecimiento como entrenador de primer nivel. Firme en el discurso futbolístico y convencido en la apuesta, Òscar García va quemando etapas. Es difícil aventurar dónde le llevará este camino.