Orlandi’s Mondays: Trabajar, rezar y seguir trabajando

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La alegría a veces tiene que llegarte lejos de un campo de fútbol y es la que nos ha producido la llegada al mundo de Biel Oriol Rull. El domingo de madrugada nació el hijo de Edu Oriol y Macarena y la noticia fue una nota de felicidad en otra semana aciaga para el equipo. Estoy ansioso por ver al bueno de Edu en su papel de padre, con esos dulces despertares a base de lloros a altas horas de la noche, el carrusel de pañales y biberones… Las ojeras van a formar parte de su día a día, pero estoy seguro que la paternidad le ayudará en un momento difícil a nivel deportivo como me ayuda a mi. Quienes son padres seguro que me entenderán. Solo espero una cosa: que como reza el dicho el bueno de Biel llegue con un pan debajo del brazo y sea el que provoque nuestra reacción.

Hoy volvemos a los entrenamientos y todavía me siento como si el sábado hubiéramos jugado una eliminatoria entera de Champions contra el mejor Barça de la era Guardiola. Y eso que solamente jugué 45 minutos en Elland Road… Si físicamente estoy tocado, moralmente estoy hundido. Veníamos de un partido muy bueno en Craven Cottage, donde nos pusimos 0-2 y tuvimos que cerrar el partido. ¿Qué paso? Como siempre, fuimos nosotros los que nos encargamos de darle vida al Fulham. Aún y así, jugando con 10 casi una hora y contra un rival con futbolistas como Scott Parker o Brian Ruiz el equipo dio la talla y tengo la seguridad de que en igualdad de condiciones habríamos ganado. Ahora bien, nos venimos arriba, viajamos a Leeds con ese convencimiento… Y nos atropellan.

Jugamos desde el primer minuto contracorriente. Apenas sacaron de centro se veía venir el vendaval y es difícil de entender y justificar lo que pasó. En la media parte, ya con el 3-0, el entrenador nos hizo ver su disgusto y me tocó a mi la china de ser el sustituido. Más allá de aspectos personales, me gustó como afrontó la situación y en la segunda parte reaccionamos, aunque es verdad que estaba ya todo perdido. El Blackpool va a ser de los pocos equipos con solo dos días libres esta semana, cuando el parón por las selecciones ofrece un descanso a la competición. Si lo pienso fríamente lo encuentro lógico porque tenemos que trabajar más duro si cabe y mirarnos cara a cara para entender qué pasa. Miro la clasificación y me dan ganas de llorar porque la distancia con la salvación es cada vez mayor. Y eso que las sensaciones en los entrenamientos nos ofrecen optimismo. El día antes de jugar en el campo del Fulham nuestro entrenador decidió probar un sistema nuevo, un 5-3-2 arropándonos en defensa para salir rápido a la contra. El ensayo salió bien, el partido salió bien y decidimos tirarlo hacia adelante. Y es por eso que no hay explicación para entender lo que pasó el sábado en Leeds, entre otras cosas porque la diferencia entre los dos equipos para nada es lo que pasó en el campo.

Volviendo al partido en el campo del Fulham, viajamos en tren y nos hospedamos en un hotel cercano a la ciudad deportiva del QPR para hacer un último ensayo el mismo día del partido por la mañana en sus instalaciones. Todo bien… Hasta la tarde. Lo malo de tener hotel en Londres es que el tráfico es siempre peor de lo que puedas imaginar, así que el autobús tardó tres horas en llevar el material al estadio y volver a buscarnos. ¡Salimos tarde y llegamos a Craven Cottage 50 minutos antes de empezar el partido! Tan justos que el capitán y el segundo entrenador saltaron del autocar para ir corriendo al estadio a firmar el acta. A cada semana hay algo nuevo que explicar, pero tampoco nos fue del todo mal por mucho que aquella expulsión nos rompió por la mitad.

Otra cosa que ha cambiado con Lee Clark es la alimentación después de los partidos. En Swansea y en Brighton viajaba un chef con nosotros en el bus y era un auténtico lujo. Teníamos hasta menú. En el Blackpool somos más humildes y tirábamos de pizza Dominos. Yo no sé si os gustará o no, pero soy incapaz de comer una pizza después de un partido. Además de los estragos a nivel estomacal que causa, no es la mejor manera de reponer energías después de un partido. Ahora, con el nuevo entrenador, tenemos pasta y verduras, sándwiches y comida más adecuada.

Ayer mi familia marchó una semana a Barcelona. Supongo que para Laura será un alivio perderme unos días de vista porque con el humor que tengo no soy una buena compañía. Las echaré de menos pero tendré unos días de silencio absoluto, de entrenos diarios y fuertes hasta que me vaya a pasar el fin de semana a Barcelona.

Esta semana pasada, por cierto, he vivido dos sucesos iguales. Y sin ser una novedad sí que me han chocado. Sobre todo el miércoles en Craven Cottage. Lo charlé con un amigo de Barcelona y no acababa de creérselo. Miércoles a las 9 de la noche en Londres, más de cuatro horas por carretera de distancia de Blackpool… Y en las gradas del campo un montón de hinchas nuestros. Después de haber perdido los últimos cuatro partidos, de caer en casa contra el Ipswich y estar siete puntos por debajo de la salvación… ¡Y había gente animándonos! Quise acercarme expresamente a ellos para darles las gracias ya desde antes de empezar el partido. Y al final no lo hice porque no sabría qué decirles más allá de ‘gracias’ y ‘perdonadnos’.

Llevo muchos años en Inglaterra y desde el primer día entendí que aquí las aficiones son muy especiales. Más allá de los ambientes, de los campos, de todo… El fútbol en Inglaterra es una maravilla porque los hinchas hacen que sea así. En España sería inimaginable que al colista de 2ª División le acompañasen entre semana medio millar de aficionados a 350 kilómetros. ¿Qué digo 350?, ni a 50. Y eso ocurrió el miércoles pasado. Creo la afición del Blackpool está hecha de una pasta especial y acabó por convencerme que ya no tenemos que ganar por nosotros. El tema va más allá de un simple reto profesional. Porque yo un día me iré y recordaré al Blackpool (como al Brighton o al Swansea), pero ellos… Ellos seguirán yendo a Bloomfield Road ya sea en la Championship, en League 1 o en la Premier. Y le acompañarán con el mejor de sus ánimos a Newcastle o a Portsmouth.

Como hicieron el sábado a Leeds. Jugábamos contra un rival que llevaba ocho partidos sin ganar y nos atropelló de mala manera. Hasta me daba vergüenza agradecer su apoyo. Por la noche leía un post de un buen amigo hablando de su experiencia en el extranjero hace unos años, en un equipo con jugadores de nivel cuestionable. Y me puse a pensar en el Blackpool. Y a repasar la plantilla. Y a enfadarme aún más… ¡Porque tenemos buenos jugadores señores! Algunos muy buenos, así que por más que le doy vueltas no entiendo porqué no conseguimos salir de esta situación y dar continuidad los fines de semana al buen trabajo que hacemos en los entrenamientos.

Le doy vueltas, repaso mentalmente algunos partidos y me deprimo porque recuerdo aquel gol, ese fallo, esa jugada… Puede que fuéramos últimos, no lo sé, pero seguro que tendríamos seis o siete puntos más. No, desde luego que el partido de Leeds no entra en ese repaso. Seguramente el entrenador estará pensando también como arreglar este desaguisado. Hoy empezamos a trabajar y seguramente habrá sesiones físicas mucho más exigentes. Si hay que trabajar más, trabajaremos más. No queda otra porque el partido contra el Bolton hay que sacarlo adelante aunque sea con sangre.

Nunca había vivido una situación tan límite en mi carrera futbolística. Pero no me rindo. Nunca he bajado los brazos y no lo voy a hacer ahora.

¡Vamosssss!

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