Orlandi’s Monday: Felicidad, divina palabra

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Poneos en situación. Domingo por la mañana, la música puesta, Norah corretea emulando a la Shakira más tribal (la actual no nos motiva), Emma en su sillita se come sus calcetines, el café caliente esperando en la taza de Valentino Rossi… Y lo mejor de todo, 4 puntos de 6 posibles ante dos candidatos al ascenso a la Premier. Si esto no es felicidad se le asemeja mucho. Estos momentos hay que saborearlos bien, y más en un año donde no están abundando. Ahora bien, la felicidad es puñetera y siempre tiene prisa por irse. Y si no, ¡nos encargamos nosotros de ahuyentarla! Así que voy a disfrutar de cada uno de los sorbos de este café con una sonrisa gigante en mi cara.

Para entender lo complicada que es la Championship solo hay que echar una ojeada a la clasificación y descubrir que los cuatro últimos son equipos que no hace mucho jugaban en la Premier, incluido el Blackpool. Fulham, Bolton y Wigan están también ahí abajo y estas dinámicas negativas no son fáciles de gestionar. Solo si hay un grupo unido puedes salir adelante y de alguna manera, por simple que parezca, nosotros lo somos, lo mantenemos y lo hacemos más firme cada día que pasa.

El sábado por la noche salimos una buena parte de la plantilla a cenar. Hace días que lo habíamos decidido para hacer más piña y coincidió con nuestra mejor semana, así que no pudo ser mejor. Me encanta el espíritu que hay en este equipo y no es una frase vacía. Habíamos jugado muy bien en Middlesbrough el martes y el viernes me quedé fuera del equipo contra el Cardiff. Las molestias en el pie eran las mismas que antes del partido contra el Boro y, aunque creí que podía jugar, el míster entendió que era mejor que descansara, así que lo vi desde la barrera. Y disfruté como un crío de la victoria. Sufrida y trabajada. Peleada y merecida. Durante la cena del sábado me sentí feliz. El equipo era feliz y este espíritu, el ir todos a una, es el que nos va a sacar de ahí abajo.

Ya he hablado del nivel de personajes que tenemos en el vestuario. Y no me canso. A los ya conocidos gemelos Oriol –que no se bajan del podio– y el gran Nile Ranger se pueden sumar fácilmente muchos otros. Ell Parish, por ejemplo. El viernes jugó su primer partido contra el Cardiff y lo hizo de maravilla. Me alegré mucho por él porque siempre trabaja a tope sin ninguna queja. Pero claro, la euforia le jugó una mala pasada porque cuando crees que todo vale puedes presentarte a una cena con cualquier cosa y llegó con una americana que… En fin, me ahorraré los comentarios que escuchó.

Fútbol. Vamos. El martes en Middlesbrough el equipo dio un paso al frente. Por primera vez nos repusimos después de encajar otro gol evitable y jugamos a muy buen nivel. Fuimos mejores, sin duda. En el campo me sentí bien, seguro y confiado, Aún no había tenido esta sensación y si no fuera por la fascitis me sentí perfecto. Pudimos y debimos ganar, pero fue un punto importante. Aprovechando la cercanía con Sunderland vinieron a ver el partido Jordi Gómez y Berta. Ya os he hablado de él, es la pareja de mi cuñada, o sea mi ‘cuñado‘. Su nombre estará por siempre en la historia del Wigan porque le dio el título de la FA Cup el año pasado contra el Manchester City. Imaginad al Alavés ganando la final de Copa contra un Real Madrid… No hace falta que os diga más.

Bueno, lo que os decía. Vino a ver el partido en el Riverside Stadium y tanto él como Berta me dijeron que no entendían cómo podíamos ir últimos, porque el equipo juega bien. Y la verdad es que pienso que hasta hoy ha sido nuestro mejor partido. Ah, y a la gente que vino, ¡GRACIAS! Lo he dicho ya, lo mantengo y lo diré: a veces, muchas, en el fútbol se menosprecia el apoyo de los aficionados, pero os aseguro que cuando ya no tienes aire y te pesan las piernas, esos gritos y cánticos te ayudan a dar más, a seguir luchando y a entregarte hasta el último suspiro. No sé cuantos vinieron, ¿150? Pues fueron 150 leones que nos ayudaron.

¡Y contra el Cardiff llegó por fin la ansiada victoria! Ellos me decepcionaron un poco, la verdad, pero acaban de cambiar de entrenador y no están en su mejor momento. Dejan jugar y eso nos ayudó. Eso y el tinte de pelo de Perkins. Nunca había visto brillar tanto una cabeza en un campo de fútbol. Aprovechando el buen ambiente de la cena del sábado le confesé lo mal que me caía cuando jugábamos en contra. ¡Desayuna guindillas! No para. Tenerlo de compañero es un alivio y además es un gran tipo. Los años me han enseñado también que uno a veces se lleva impresiones equivocadas en un campo de fútbol.

Por cierto, también quiero aprovechar para mandarle un abrazo grande a Òscar García. Que recargue pilas y volvamos a verle pronto en los banquillos. Y para saludar a alguien que lee el ‘Orlandi’s Monday‘ desde Barcelona: Jacinto Ela Eyene. Fue un referente para mi cuando yo estaba en la cantera del Espanyol, el mejor jugador del mundo en categoría cadete y el Southampton le fichó cuando llegar a Inglaterra era posible solamente para unos pocos elegidos. Él nos abrió la puerta a los que vinimos después. Un abrazo, amigo.

Ahora viene una semana de parón que aprovecharé para volver a casa y ver a mi familia en Barcelona, desconectar un poco (no mucho) y también para solucionar de una vez todos mis problemas en la planta del pie. Nos vienen semanas cargadas de partidos y desafíos y me muero de ganas por sentir esta ansiada felicidad más a menudo. Ah, por cierto, si tenéis tiempo acordaos del pobre Cubero. Su peluquero ha dejado el trabajo y el chico lo está pasando mal. A ver si Perkins se lo lleva a una de sus sesiones…

La semana que viene, más y mejor.

¡¡¡Vamoooooooosssss!!!

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