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El torneo de las Seis Naciones que empieza en poco más de dos semanas será el último gran campeonato de Brian O’Driscoll defendiendo el verde del XV del Trébol (apodo de la selección de Irlanda de rugby).

Brian O’Driscoll (Dublín, 1979) es uno de los mejores jugadores de la historia, tal vez el mejor centro que hayamos visto a lo largo del siglo XXI. O’Driscoll comenzó jugando a fútbol gaélico en la escuela (un deporte ancestral, que muestra el origen común del rugby y del fútbol actual), antes de decantarse por el rugby, cuando ya estaba estudiando en secundaria. Dotado de un físico privilegiado, una velocidad explosiva y una visión e inteligencia tácticas fuera de lo habitual, O’Driscoll se convirtió, poco a poco, en una figura del deporte oval.

Su primer gran momento llegó en la Copa del Mundo juvenil celebrada el año 1998, cuando la selección irlandesa sub-19 se proclamó campeona del mundo, con una generación de oro formada con nombres como Keith Earls, Ronan O’Gara (gran rival deportivo e íntimo socio en la selección de nuestro héroe) o el propio O’Driscoll. Con tan sólo 20 años O’Driscoll debutó en Leinster, su equipo de toda la vida, donde pronto se convirtió en titular y pieza fundamental del club de Dublín. Allí fue tres veces campeón de Europa de clubes y de la Liga Celta con Leinster y tras 172 partidos con su club -en los que anotó la friolera de 301 puntos- el gran centro irlandés fue escogido mejor jugador de la década 2000-2010 por la IRB, máximo organismo del rugby a nivel internacional.

Pero el nombre O’Driscoll se asocia automáticamente al de la selección de la isla esmeralda. BOD (abreviatura muy usada en Irlanda para referirse a él) ha disputado hasta la fecha 128 partidos con su selección, anotando 245 puntos. Con la selección irlandesa, O’Driscoll ganó la Triple Corona (título que gana la selección británica o irlandesa que derrota a las otras tres) en cuatro ocasiones (2004, 2006, 2007 y 2009) y tocó el cielo en la edición del Seis Naciones de 2009, cuando Irlanda conquistó el Grand Slam (pleno de victorias el torneo) medio siglo después de haberlo hecho por última vez. Además, O’Driscoll ha sido convocado hasta en cuatro ocasiones para los British & Irish Lions, la selección de los mejores jugadores de las islas británicas que cada cuatro años efectúan una gira por el hemisferio sur.

Después de tantos años en la élite, O’Driscoll anunció su retirada el mes de octubre pasado. BOD jugará hasta el próximo mes de junio, si las lesiones se lo permiten. Con él, se marcha un ejemplar especial, único e irrepetible. Un líder dentro del campo que jamás se vio involucrado en pelea o incidencia alguna, un gran capitán con sentido del honor y la responsabilidad, que encarna como nadie los valores sagrados de este deporte.

Se retirará sin ver cumplido su último gran sueño, el de disputar algún día un partido de rugby en el Camp Nou, el mejor estadio del mundo, según sus propia palabras. Y es que O’Driscoll, la gran leyenda del rugby europeo, es un barcelonista de pedegrí, que sigue tanto como puede la actualidad azulgrana y degusta sus partidos con auténtica devoción. De hecho, O’Driscoll y la joven promesa irlandesa de origen catalán Jordi Murphy siguen los partidos del Barça durante las concentraciones de su club, el Leinster.

Corazón irlandés, coraje celta y sentimiento blaugrana son algunos de los ingredientes que configuran el perfil de Brian O’Driscoll, el mejor jugador de rugby del siglo XXI. Ojalá se despida por la puerta grande, con un nuevo título del Seis Naciones y, ¿por qué no?, con la ovación cerrada del Camp Nou premiando el titánico talento de uno de los nuestros.

Ferran Vital es historiador y colaborador de la sección de rugby del Diari Ara.