Dice Toni Nadal (y no le falta razón), que a los jóvenes tenistas que vienen por detrás de Nadal, Federer y Djokovic… les falta algo. Que la cosa no acaba de cuajar. Que los tres de arriba siguen ganando Grand Slams… mientras que los siguientes en la lista no son capaces de hacerse con un gran torneo. Ni parece que lo vayan a lograr a corto plazo. No maduran. No explotan. No logran ese plus para considerarse campeones de verdad. Van sobrados de centímetros. De potencia para sacar. Y de impaciencia. Y con eso, se teme Toni, no se llega al Olimpo.

Exceptuando a “Delpo“, Murray o Thiem por diferentes razones, los demás jugadores llamados a suceder (tenística y generacionalmente) a Rafa, Federer y Djokovic atesoran torneos ATP 250. Tal vez ATP 500. Algún Masters 1000. Y, en escasísimos ejemplos, una final de Grand Slam. Bagaje cortísimo si se pretende desbancar a tres jugadores que suman 51 ‘majors’ (¡51!) y 26 finales. 51 entorchados de los 62 posibles, desde que Federer se estrenase en Wimbledon en 2003.

Desde que los tres llegaron para quedarse en el top ten, lo más lejos que se han situado del cetro han sido dos semanas en el caso de Federer como número 17 del mundo y tres semanas como 22º en el caso de Djokovic. Rafa… ni ha salido de los diez mejores del planeta. Un último botón de muestra: de los 20 primeros jugadores situados en la clasificación “NextGen”, solo cuatro llegaron a la tercera ronda del recién acabado US Open. Los han enterrado varias veces. Y varias se han encargado de rebatir a los más pesimistas. Ganaron, ganan y seguirán ganando.

Con 32, 37 y 31 años respectivamente, cabe preguntarse quién pretenderá jubilarlos. Y cuándo. De momento ni Toni ni nadie parece tener respuesta. Hay triunvirato para largo.