Nadal, Djokovic y Federer, ni hablar de jubilación

Sí. Se ha acabado la temporada de tenis, con el colofón habitual de la final de la Copa Davis. Pero, aunque parezca mentira, la nueva temporada está a la vuelta de la esquina, ya que el tres de enero habrá jugadores saltando de nuevo a la pista en un torneo oficial. Por lo que las “vacaciones” se reducen a 39 días para algunos tenistas que han disputado a lo largo del año entre 60 y 80 partidos (concretamente Federer ha jugado 63, Nadal 65, Djokovic 68 y Medvedev, el “récordman” de 2019, batalló a lo largo de 80 encuentros).

Y la pregunta de estos días es prácticamente unánime. Y calcada al final de las últimas dos o tres temporadas. ¿Se acabará la hegemonía de Rafa, ‘Nole’ y Roger? ¿O volverán a repartirse entre ellos los cuatro ‘Grand Slams’ y buena parte de los Masters 1000? ¿Los jóvenes que vienen pisando fuerte darán el salto definitivo? ¿O se arrugarán en las rondas decisivas y pecarán de falta de madurez?

En cuanto a la clasificación de la ATP y sin lesión alguna de por medio, es muy difícil que el triunvirato que ocupa el techo del tenis salga de los primeros puestos. Unos tienen más puntos que defender que otros. Tal vez se intercambien los papeles. Pero que los tres salgan de los primeros puestos es difícil de imaginar. Tienen cuerda para rato.

Otro debate es quién se llevará a casa los mejores trofeos. Es cierto que cada año hay alguna sorpresa en los ‘majors’ y Nadal, Djokovic o Federer saben lo que es irse a casa a las primeras de cambio. Pero no dejará de ser algo anecdótico e inesperado. Llegarán a semifinales y grandes finales.

En cualquier caso todo lo dicho hasta ahora dependerá, cómo no, del empuje de los más jóvenes de la clase. Actualmente hay hasta ocho jugadores entre los 20 mejores del mundo que tienen entre 20 y 26 años: Thiem, Medvedev, Tsitsipas, Zverev, Berrettini, Shapovalov, Khachanov y De Miñaur. Casi todos ya atesoran alguna victoria de renombre, ya sea una Copa Masters, un Masters 1000 o alguno de los mejores ATP 500 del calendario. Saben los que es batir a Rafa, ‘Nole’ o Roger. Y tienen talento suficiente como para llegar a lo más alto.

Por eso están acumulando victorias. Dinero. Fama. Y presión, claro. Por eso han sufrido bajones y derrotas que han oscurecido sus trayectorias, como le ha pasado a Zverev. Tienen que soportar las lógicas comparaciones y aguantar aquella repetidísima frase que recuerda que a la edad de Thiem o Berrettini los tres de arriba ya habían obtenido mejores resultados. Pero la pelota está ahí. En el tejado de los que tarde o temprano deberían enseñarles la puerta de salida a Nadal, Djokovic y Federer. Si tiran de paciencia y de serenidad y aceptan los mejores consejos, podrán alcanzar la gloria. En buena parte depende no tanto de sus raquetas o sus espigadísimas figuras. Sino de sus cabezas. Porque lo que es seguro es que las del español, el serbio y el suizo sí que están amuebladas para impedir -o al menos retrasar- el mencionado cambio generacional. Han demostrado, una temporada más, que ni quieren –ni es justo- que se les jubile tan fácilmente.

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