Murray, la versión madura de Nalbandian

Que Andy Murray ha cosechado méritos para auparse hasta lo más alto del tenis mundial nadie lo discute. Le ha arrebatado el número uno a Novak Djokovic, que llevaba liderando la clasificación de manera ininterrumpida desde julio de 2014. Ha madurado, ha asentado sus golpes y maneja cada vez mejor su cabeza, ese arma fundamental a la hora de pasar la bola por encima de la red. Tanto como la propia raqueta.

El escocés no es un ganador nato. No arrastra el aura de Roger Federer. Ni el pundonor contagioso de Rafa Nadal. Pero ha ido escalando peldaños y ya acumula tres Grand Slams, dos Oros Olímpicos y 14 Masters 1000. Le falta triunfar en Australia y Roland Garros (donde curiosamente ya lo ha hecho Stan Wawrinka, un tenista con menos quilates que Murray). Y, sobre todo, tiene una asignatura pendiente común… difícil de superar… pero no imposible. Creérselo.

Murray debe dar un golpe en la mesa. Decir en cada torneo que será capaz de conquistarlo. Pese a quien le pese. Y es que el ya número uno atesora 43 títulos pero también 21 finales perdidas, entre ellas ocho de Grand Slam y siete de Masters 1000. No es que haya tirado esos partidos definitivos. Pero a la hora de la verdad no ha sacado a relucir los galones con los que logra plantarse en la última ronda de los torneos.

Su caso recuerda, en parte, al de David Nalbandian. Aquel maravilloso y talentoso jugador que se retiró con once títulos ganados pero también con trece finales perdidas.

El argentino ganó torneos en casi todas las superficies. Fue número tres del mundo. “Maltrató” cuando quiso a Federer o a Nadal. Pero podía haber optado a muchísimo más. Si con su cabeza hubiera dicho al mundo tenístico que había llegado para no irse, estaríamos hablando de todo un ex número uno con varios Grand Slams en las vitrinas de su casa cordobesa. Incluso el revés a dos manos (a veces golpeándolo desde el aire) se parece al de Murray. Pero también los aspavientos de niño protestón que hacía tras perder un punto. Lo mejor y lo peor. Como los más míticos artistas. Indomables. Insuperables. Inolvidables.

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