Mundial: 20 años en azulgrana

Parece que fue ayer y ya se han cumplido 20 años desde la última vez que el Mundial se dibujó en azulgrana a través de dos de sus mayores estrellas. Si ahora Neymar lleva en volandas a Brasil y Messi muestra dentelladas con Argentina, en Estados Unidos, en 1994, Romario se aprestaba a vivir la mayor gloria de su carrera y Stoichkov lideraba la descarada sorpresa en que se convirtió Bulgaria. Y como hoy, entonces bastó la primera fase del torneo para presentar sus credenciales.

Neymar y Messi han cerrado la primera fase del Mundial anotando cuatro goles. Siete puntos para Brasil y nueve para Argentina. Romario y Hristo marcaron tres en la primera fase de 1994 que significaron siete puntos para la canarinha y seis para una Bulgaria que se estrenó con una humillante derrota (0-3) frente a Nigeria que no fue, a fin de cuentas, más que un espejismo de lo que iba a suceder.

Este campeonato de 2014 guarda pocas similitudes con aquel de 1994. El calor es igual de sofocante y Camerún, en el adiós del legendario Roger Milla, fracasó de manera tan absoluta como el de Eto’o. Los aspirantes, sin embargo, no se hundieron en la miseria como ahora. La campeona Alemania superó con holgura la primera fase por delante de España, que en 2014 ni ha tenido ocasión de defender su corona. Ausente Inglaterra entonces, Italia (a la postre finalista en Estados Unidos tras superar la primera criba con muchos problemas) también se ha ido a casa a las primeras de cambio y a diferencia de entonces, crece la sensación de que los equipos latinoamericanos han dado un paso adelante.

Caso aparte es el de Argentina. La actual, la de Leo Messi, no convenció a nadie hasta su partido frente a Nigeria pero ha completado un pleno de puntos y se postula como candidata mayúscula. La de entonces, la de 1994, fue devastada por el terremoto que supuso el positivo de Maradona, su líder, para quedar eliminada en los octavos de final a manos de la Rumanía de Gica Hagi con Diego llorando ya en Buenos Aires.

Mientras, a la suya, Romario y Stoichkov fueron tomando medidas a su papel de héroes. El Baixinho regaló a Bebeto el gol con que Brasil eliminó en octavos a Estados Unidos en San Francisco un día antes de que, en Nueva York, Hristo marcase el gol búlgaro ante México, a quien eliminó en una tanda de penaltis que nunca olvidarán los aztecas: fallaron sus tres primeros lanzamientos.

En cuartos, Brasil derrotó a Holanda (3-2) en el que quizá fue el mejor partido de aquel torneo, con Romario marcando el primer gol, la Holanda de Bergkamp y Koeman igualando un 2-0 y Branco sentenciando con una falta que llegó precedida de otra en dirección contraria que el costarricense Rodrigo Badilla no quiso ver. Como tampoco un más que posible penalti de Jorginho… Árbitros, siempre protagonistas.

Con Brasil citado en semifinales ante la Suecia del joven Larsson, que eliminó en cuartos a Rumanía en los penaltis, Stoichkov dio el golpe de gracia frente a Alemania. A doce minutos del final ganaban los alemanes gracias a un penalti transformado por Matthaus y al final venció Bulgaria con un golazo de Hristo y otro, rozando la prórroga, de Letchkov. La Italia de Baggio, que un día antes había echado a la España de Clemente a codazos, esperaba en semifinales.

En la penúltima ronda volvió a marcar Hristo, Su sexto gol en seis partidos, pero no fue suficiente ante las dos dianas de Baggio que cerraron aquel sueño búlgaro. Quien no falló fue la canarinha, a la que otra diana de Romario, la quinta en el torneo, empujó hacia la final contra la otra sensación del torneo: Suecia.

El Mundial de Estados Unidos acabó con Brasil conquistando el título en la tanda de penaltis contra Italia, derrumbada por los errores de Baresi, Massaro (personaje trágico en la leyenda del Barça) y Baggio. Bulgaria, ya destensada y deprimida por el KO en semifinales, fue una sombra en la final de consolación, en la que le atropelló Suecia (4-0) con un gol, el tercero, de aquel jovenzuelo con rastas llamado Larsson.

De aquel inolvidable verano futbolístico se cumplen ahora veinte años y, como quien no quiere la cosa, los focos que entonces fueron centrándose a partir del segundo partido en dos azulgranas miran en la misma dirección: hacia el Camp Nou. España cayó entonces con mayoría de culés (seis) en el once inicial de aquella tarde en Boston contra Italia, y ahora lo hizo en silencio a las primeras de cambio con un equipo, también, dibujado alrededor del Barça.

Y mientras vuelve el recuerdo de Romario y Stoichkov, que presentaron de buenas a primeras sus credenciales y las llevaron hasta el límite, acude al primer plano ahora el duelo en la distancia entre Neymar y Messi. Aquellos cerraron la primera fase con tres goles y estos lo han hecho con cuatro. Y si en 1994 se andaba buscando todavía al favorito claro y el protagonista estelar, ahora todos los focos están ya fijos en los dos cracks que deberían, para la gran mayoría, citarse en a final de Maracaná.

Antes, de entrada, esperan Chile y Suiza. Neymar contra Alexis como fue entonces Romario contra Koeman. Y Leo, a la suya, sacudiéndose la sombra de aquel D10S caído. Citado de momento con la multiétnica selección de Shaqiri en su camino hacia la eternidad.

Guste o no, la brillantez del Mundial se contempla desde los ojos del Barça.

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