Mireia Belmonte acaba de conquistar el cielo en Río de Janeiro con la primera medalla de oro en unos Juegos Olímpicos para la natación femenina española. Un hito y el premio a una locura que empezó cuando era una niña.

Diez años después ha vuelto a Brasil para cerrar el círculo que comenzó en un Mundial junior, conquistando dos oros en la misma ciudad. Es una historia de superación, de sufrimiento, decepciones, alegrías y una entrega que, por encima de felicitaciones merece una consideración eterna.

Junio de 2006. Un día cualquiera

Son poco más de las ocho de la mañana y en la piscina del CAR de Sant Cugat se adivina una sola figura haciendo largos. Es David Meca, quien como un autómata lleva ya casi media hora dentro del agua.

Del aparcamiento van llegando jovencitas con cara de sueño, quejosas por el madrugón y apenas dándose los buenos días mientras se van ajustando los bañadores bajo la mirada de la sargento Anna Tarres, decidida a fiscalizar hasta el último detalle de la selección junior que prepara el Mundial que en octubre se disputará en China.

Y al cabo de un rato, envueltos en sudor y llegando desde un gimnasio, aparecen unos pocos nadadores más, ¿tres, cuatro?, que sin dar ni los buenos días a quien va quedando a su lado se lanzan al agua con tan poco ímpetu que da que pensar en lo bien que estarían en la cama.

David Meca sigue nadando como si no existiera el mañana en un carril de la derecha de la piscina, en los siguientes tres, quizá cuatro, se reparten los y las recién llegados y en el lado izquierdo, al sol, se sienta en una silla Anna Tarres, acompañada del equipo técnico de la federación, para dar forma a una selección junior que en el futuro tome el relevo de la absoluta.

Entran y salen del agua para ‘pasar en seco’ sus coreografías y tomarse, como quien no quiere la cosa, un instante mínimo de descanso mientras los nadadores siguen machacándose. El campeonato de Europa Junior a celebrar en Palma de Mallorca está a la vuelta de la esquina y Jordi Murio se lo mira desde una cercanía distante, apurando esas últimas sesiones antes del torneo continental.

Al fondo, sin embargo, aparece como gran sueño el Mundial de la categoría que se disputa en Río de Janeiro a finales de agosto y no se pierde el tiempo. Al contrario, se le gana tiempo al reloj de cualquier manera posible.

mireia belmonte rio 2006

Es mediodía. Tarrés concede un descanso a sus chicas, que se marchan corriendo al comedor mientras Meca… Sigue nadando. Al fondo Murio charla con un par de jovencitas a las que todo el mundo sigue con la mirada y los murmullos.

“Es la Mireia” descubre a una de ellas la seleccionadora de sincronizada, para quien no hay secreto que se le resista en el CAR y vaticina que aquella Mireia, Mireia Belmonte, está en camino de convertirse en una de las grandes.

En julio de 2005, con apenas 14 años, ya se la habían llevado al Europeo Junior de Budapest junto a Melani Costa y este 2006 debe ser el año del paso adelante para descubrir si será una de esas excelentes deportistas que acabaron quedándose en el camino o si por el contrario alcanzará la leyenda.

Pasan veinte minutos de las ocho de la tarde y las chicas de la sincro, exhaustas, parecen escaparse de la piscina y de la mirada de Tarrés. Al frente de ellas ya sobresale la figura de Ona Carbonell, a quien la seleccionadora, a quien todo el mundo, ya mira con ojos especiales. Es otra de las elegidas. Murmullan.

David Meca, por cierto, sigue nadando. Apenas ha salido del agua para comer y lleva más de diez horas en la piscina, largo hacia aquí, largo hacia allá… El respeto que infunde un tipo así, con o sin medallas, con o sin reconocimientos mediáticos es ilimitado.

Mireia estira al fondo de la piscina en solitario mientras unos metros más allá varios tipos esculturales hacen unos curiosos ejercicios también de estiramiento. Son los del waterpolo, que se han sumado por la tarde a la ‘fiesta’ de la piscina.

Mireia se marcha, acompañada de quien debe ser su entrenador que sigue hablando con ella. A una chica que nada, y nada, y nada y sigue nadando… ¿Qué se le puede decir? ¿Qué ponga la espalda así o asá?

Agosto de 2016. Se cierra el círculo

Campeona de Europa y del mundo Junior diez años antes, el CAR de Sant Cugat, la Blume de Madrid o el CAR de Sierra Nevada han visto crecer su figura, la han visto entrenar y pelear contra todo en busca de la perfección.

Especialista en piscina corta, doble medallista olímpica en Londres después de un estreno agridulce en Pekín, Mireia Belmonte se presenta en sus terceros juegos en plena madurez deportiva y dispuesta a dar el golpe definitivo.

Y se acabó. 10 de agosto de 2016. Otra vez en Río de Janeiro. En aquella ciudad en la que hace diez años ganó sus dos primeras medallas de oro en el Mundial Júnior, Mireia Belmonte conquista la primera medalla de oro olímpica para la natación femenina española.

mireia belmonte oro

“Es la Mireia” decubrió en mayo de 2006 Anna Tarres. En aquel entonces apenas nadie sabía de aquella cría de 15 años, espaldas anchas, callada y seria que mantenía una relación mínima con las y los demás deportistas que se machacaban en Sant Cugat mientras perseguía brazada a brazada el sueño que todos compartían.

Y que solo las y los elegidos acabaron por alcanzar.