Los millones del Camp Nou

El presidente del FC Barcelona, Josep Maria Bartomeu, ha explicado en un acto organizado por El Periódico de Catalunya las líneas maestras del proyecto del Espai Barça. Nada nuevo para quienes hemos seguido –por los medios o en condición de socios del club– toda la historia de esta operación inmobiliaria que afecta al Barça, a los vecinos de Les Corts y al ayuntamiento de la ciudad.

Sin embargo, en su alocución ha habido una novedad que no ha pasado inadvertida. Desde que se anunciaron en una rueda de prensa (todavía con Rosell como presidente) las intenciones de la junta a la hora de remodelar el Camp Nou y poner en marcha el Espai Barça, siempre se ha explicado que una de las vías de financiación del proyecto era poner un apellido al estadio. Los title rights, de acuerdo con el power point de aquel día, representarían unos ingresos para el club de 150 millones de euros que ahora se estiman en 200, una tercera parte del coste total (los otros dos tercios saldrían, a partes iguales, de un nuevo crédito sindicado y de lo que se dio en llamar financiación interna).

Bartomeu ha explicado hoy apellidar al estadio “ya es suficiente. Ponerle nombre supondría el doble: 400 millones de euros. Nosotros seguiríamos llamándolo Camp Nou y en otras partes del mundo tendría un nombre comercial«. Eso sí, siempre insistiendo, como han hecho todos los directivos desde el primer día, en que “la marca comercial la tendrán que aprobar la asamblea de compromisarios antes de 2017”.

El mensaje está claro: bautizar el Camp Nou con un nombre comercial evitaría que el socio y el abonado tuvieran que hacer algún tipo de aportación económica adicional para sufragar parte del coste de las obras. Aportación que, por otra parte, se ha descartado también desde el primer momento. Ese globo sonda que toca donde más duele al socio, el bolsillo, no hace más que reforzar la idea de que todo este proyecto es un gran castillo de naipes, un dogma de fe en el que los todavía dueños del club deben confiar absolutamente a ciegas.

Y mientras el club explica un proyecto de 600 millones que saldrá triunfador en apenas dos semanas, la directiva anuncia –como hicieron también las anteriores– la cifra que podrá destinar a la confección de la plantilla para la próxima temporada: 120 millones que hacen que los presidentes de decenas de clubes de media Europa se froten ya las manos.

Al acabar el partido del Bernabéu, Josep Maria Minguella dijo en una tertulia de la radio que con el 3-4 la directiva acababa de ganar el referendo sobre el futuro del Camp Nou. Minguella se equivocaba porque la votación está ganada desde el momento que fue convocada. Los esfuerzos del club deberían encaminarse, pues, a sacar el máximo partido a esos 120 millones que dice que va a invertir en fichajes y a lograr insuflar a la plantilla el aire fresco que necesita desde hace ya más de dos años. Si logran que ese importe sirva para incorporar los futbolistas adecuados (en plural, que gastarse 100 en uno ya se ha visto que es fácil), algo habremos ganado. Aun a costa de recargar la famosa mochila de la que hablaba Ferran Soriano.

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