El miedo al peligro del barcelonismo

La derrota del Barça en el Vicente Calderón ha despertado muchos fantasmas entre algún sector del barcelonismo. Incrédulo ante el bajón de juego y eficacia del equipo, el aficionado culé ha comprado entradas para una montaña rusa de emociones que creía ya olvidadas.

Ebrio de éxitos en los últimos años, ningún seguidor parece entender las razones del declive de un equipo que, más a base de pegada que de juego, era un martillo pilón para sus contrincantes. El revés infringido por el Atlético de Madrid en la Liga de Campeones ha despertado del sueño a toda la culerada. Una parte porque ya advertía que la incidencia de los tres atacantes no podía ser sinónimo de eterna victoria sin el respaldo colectivo; la otra porque pensaba que Messi, Neymar y Suárez se bastaban para mantener a flote al equipo, desdeñando una idea de juego que se les antojaba prescindible.

Recuperando su ancestral idiosincrasia perdedora, ya hay quien sostiene que el curso del Barça va a ser un desastre, que no se ganará la Liga y que el Sevilla pasará por encima del conjunto de Luis Enrique en la final de la Copa del Rey. Hay desazón y pesimismo, como si el barcelonismo añorara unos tiempos oscuros que parecían desterrados, tiempos en los que siempre había una excusa a la que asirse para no reconocer los errores propios. Lejos de ponderar la posibilidad real de terminar el año alzando algún título, muchos aficionados sienten tanto miedo que preferirían saltar en el tiempo hasta el próximo curso, aun a riesgo de perdonar las vacaciones. Legión o grupúsculo, esa parte de la afición siente el peor de los miedos: el miedo al peligro, que acostumbra a ser mucho más terrible que el peligro en sí.

Decía Sófocles que para quien tiene miedo, todo son ruidos. Y así está parte del barcelonismo, que no oye más que ruidos en los periscopes de Piqué, en los viajes de Neymar o en la sequía de Messi, diana preferida de quienes, habituados al caviar, esperan siempre lo mejor y son incapaces de prepararse para lo peor, ignorando un principio tan básico en el deporte como que es imposible ganar siempre.

Eliminado de la Champions, el Barça sigue en una posición privilegiada para luchar por dos títulos. De ganarlos, cerraría una temporada magnífica, pero para ello debe huir del miedo que afecta a parte de sus seguidores, impedir que el temor traspase la puerta del vestuario y hacer de la esperanza un riesgo que merezca la pena correr.

Y, si puede ser, hacerlo a través del balón, que Cruyff definió como el mejor despacho para encontrar ideas.

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