Retumban ahora los interrogantes y porqués tras el devastador desplome del Barça en los últimos partidos. Ni rastro de la triunfante colección de 39 batallas sin conocer la derrota, con un balance de 7/7 victorias contra nuestro atlético contrincante. Ahora, de golpe, se amontonan las tertulias sobre el metafútbol, los problemas de salud a la carta, los transferleaks y otros papeles que futbolísticamente hablando, no dan pa’ na’ má’.

Ninguna noticia de todos estos problemas repentinos hasta hace apenas tres semanas. En la voracidad de la inmediatez, se ha prestado más foco al periscopio que a la sala de máquinas, sin siquiera valorar la conveniencia de una navegación silenciosa. Nuestros flamantes portaaviones han salido maltrechos, al quedar desamparados ante el dudoso timing empleado al lanzar nuestras oleadas.

Cero análisis crítico en la mesa de operaciones que alertara sobre la inexistencia de algún plan alternativo. Todo el arsenal concentrado sobre Midway. El Abracadabra nos ha fallado en el momento álgido y así nos hemos quedado: a mitad de camino, con la gloriosa flota vapuleada y con el rival enardecido.

Se levantan ya las primeras reacciones kamikazes y las proclamas a lo bonzo esperan una chispa que las encienda. Curioso. Curioso también será la relación de nombres que probablemente comiencen a desfilar en breve por el rellano de nuestra querida portera. Pero antes de eso, es imperativo recomponer las filas y afrontar lo que queda de guerra a corto plazo. Y en ese escenario, lo que se impone es recobrar las sensacione, mirar a la historia, limpiar nuestro aéródromo y permitir que nuestros bombarderos salgan cuanto antes. Tiempo habrá para dejarlo todo pulido y reluciente.

Es necesario acudir de nuevo al manual de guerra, a la velocidad de ejecución. No tenemos ya un Xavi preclaro que permitiera maniobrar antes de tiempo. Urge corregir los excesos de conducción imprudente, ineficaz y muchas veces hacia terreno propio. Resulta vital mover rápido el balón para impedir que el enemigo se atrinchere, incluso antes de que intente pararte de forma flagrante. Llegado este punto, no importa la estética, importan los detalles; y si lo hemos fiado todo al tridente, habrá que asistirlo y rearmarlo. Circulación rápida, aunque sea menos precisa. Máxima implicación por parte de los efectivos y a por la victoria. Se ha perdido una gran batalla, pero no la guerra. Cierracadabra.