Messi tiene la culpa (otra vez)

Volvemos a las andadas. En cuanto llega una derrota dolorosa hay quien pierde el culo, para decir que Leo Messi tiene la culpa.

Intentar explicar lo que le ocurre al Barça con un simple ‘Messi tiene la culpa’ no se le ocurriría ni a una clase de párvulos. Es evidente que su rendimiento en los últimos encuentros no es el que suele ofrecer, pero de ahí a recurrir a cinco malos partidos para señalar de nuevo al 10 como máximo responsable de los malos resultados y del peor juego del equipo es tan absurdo como poco original. Ya ocurrió en 2014 cuando, con Gerardo Tata Martino intentando guiar un trasatlántico con su carné de patrón de yate, el conjunto azulgrana acabó por encallar a pocas millas de cada puerto de destino.

La llegada de Luis Enrique removió los cimientos del equipo, especialmente tras el bofetón de Anoeta en enero de 2015. A partir de ahí, la historia es conocida: el Barça se transformó en un conjunto con una competitividad feroz, una descomunal pegada en la delantera y una implicación brutal del centro del campo en el trabajo de demolición de los rivales. Messi era entonces uno de los faros del equipo, seguramente el más luminoso, pero no el único. Además de sus compañeros actuales en el ataque, a quienes nadie señala con la misma virulencia, el argentino contaba con Xavi Hernández, emblema máximo de la esencia del juego de posición que caracteriza al Barça de la última década.

Desaparecido Xavi, con Busquets multiplicándose –y pagándolo– y pese a la clase de Iniesta, la inercia triunfadora del Barça ha hecho que el peso del juego del equipo recayera sobre los tres delanteros. Una opción comprensible cuando se tienen atacantes de ese nivel pero temeraria si se reduce a la única expresión sobre el césped y se hace caso a quienes afirman que los partidos se ganan en el centro del campo. El bache de resultados y el momento actual de Neymar y Messi –que puede cambiar en cualquier momento– ha dejado desnudo al equipo. Y claro, Messi tiene la culpa también de eso.

Ya saben, el entorno culé es tan dado a personalizar las cosas que no tiene rubor en convertir los defectos de un equipo en responsabilidad de un jugador, como ocurría en los oscuros años 70 y 80. Quédense con esto: Messi tiene la culpa, sí, pero de estar rodeado de tanta gente habituada a mirar el dedo mientras éste señala a la luna.

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