Messi: la condena del derrotado

Si un día dijo Johan Cruyff que “el fútbol es un juego de fallos, la final del Mundial devolvió toda la actualidad a su sentencia. El fallo, horroroso, de Higuaín, el desafortunado de Palacio, el despistado de Demichelis… “Detalles, otra palabra del holandés para diferenciar entre el ganador y el perdedor, el triunfador y el derrotado. Leo Messi, al mando de Argentina, se quedó a un palmo de la gloria… y siempre expuesto acaba siendo el nombre del Mundial.

Para mal, ahora, por quedarse sin título. “Leo no corre, Leo no es el mismo, Leo no tiene esa alegría, Leo esto y Leo aquello”. Leo siempre en primer plano para que se le pueda disparar como a un muñeco de trapo, mostrándole como el derrotado de un Mundial que se le escapó de las manos en el último suspiro y que le señala de manera inmisericorde. Con crueldad y hasta un punto de injusticia.

Dicen muchos, y la evidencia lo enseña, que el mejor Messi ya es historia. Que aquel jugador mayúsculo que gobernó el fútbol universal durante más de un lustro al mando del mejor Barça de todos los tiempos ya no volverá. Pero, a la vez, se conviene que Leo, uno o dos peldaños por debajo de aquella excelencia, sigue siendo el número uno. Alejándose de fanatismos y de colores, se contempla esta certeza porque lo mejor que ofreció Argentina en este Mundial llegó a través de los pies de un ’10’ que no precisó marcar las diferencias de manera continuada para dejar patente que su ascendente sigue siendo único.

Dejando aparte el regalo de Kroos que el Pipita desaprovechó de manera lamentable, todo el juego de ataque y las ocasiones de la albiceleste en la final pasaron por los pies de la Pulga. Cuando se enchufaba recordó la electricidad de sus mejores tiempos, bajando a defender si era menester, abriendo balones al espacio, esperando el momento oportuno para buscar la gloria en una jugada personal e intransferible… Y mantuvo, apoyado en el trabajo incansable de un equipo tan alejado de la grandeza futbolística como enorme en su entrega, la esperanza hasta el último suspiro.

Alemania, poderosa, favorita y muy superior, las pasó canutas para llevarse el premio final. ¿Merecido? Probablemente. Y más teniendo en cuenta la trayectoria de ambas selecciones hasta la cita en Maracaná.

Pero, llegados a este punto, se antoja entre ridículo y hasta un punto vergonzoso señalar a Messi como el derrotado del Mundial y aprovechar para sacar al primer plano a Maradonas y demás. Los que lo celebran con tanta algarabía, ¿qué dicen de la campeona España? ¿De Rooney? ¿De Italia? ¿Inglaterra? ¿Cristiano Ronaldo? ¿Brasil? Ya es curioso que se presente al subcampeón del Mundo como el fracasado para, a través de ello, ocultar el fiasco de tantos otros.

Puestos a decir, podría destacarse la sorpresa que significó ver en la final a una Argentina que llegó a Maracaná más a través del carácter (y la suerte de los penaltis) que del fútbol, con un equipo discreto, con Mascherano al frente y sin una idea preconcebida. Pero con una competitividad, amor propio y espíritu combativo excepcional.

Messi perdió la final del Mundial. Otros la vieron por televisión. Bueno es no olvidar eso.

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