Messi ejerce de rey ante el Mallorca

Leo Messi (hat trick incluido) dirigió el triunfo del Barça ante el Real Mallorca (5-2) en un partido que mostró lo que, seguramente, fueron los mejores minutos de un equipo que se movió rápidamente, hizo circular el balón con mucha fluidez, mostró una enorme capacidad de presión y una eficacia ante la puerta rival que le permitió llegar al descanso con tres goles de ventaja.

Comenzó el partido con el ofrecimiento de Messi al público del Camp Nou de su sexto balón de oro y con  las ganas del argentino de jugar al fútbol. El once de Valverde arrancó con fuerza y embotelló en su área a un Mallorca que mostró por qué ocupa su posición en la tabla y que en el minuto 7 ya perdía. Fue en un saque de puerta preciso y rápido de Marc André Ter Stegen que dejó en ventaja a Griezmann para que el francés anotara el primer tanto.

El tanto vino de una contra, pero el Barça funcionaba con un centro del campo dominador donde Busquets, De Jong y Rakitic desplegaban muy buen fútbol y una notable disciplina táctica. Desplazado desde el verano y recuperado en los últimos partidos, el croata demostró que puede ofrecer mucho más que un Arturo Vidal que siempre estuvo por delante a ojos de Ernesto Valverde.

Superado el cuarto de hora, Messi agarró un balón al borde del área y, con un toque tan habitual como imposible de detener, lanzó una rosca al fondo de la portería de Reina. Eran minutos de disfrute del público y, más importante aún, de los jugadores, que mentalmente parecían muy metidos en un partido que a priori no debía suponer problema alguno.

Y en estas que Budimir, en el minuto 35, recortaba distancias en el marcador en un remate desviado por la defensa. El tanto mallorquinista fue un accidente porque este juego tiene un dominador desde hace ya casi quince años. Y ese tipo, el que luce el 10 en el Barça, el futbolista a quien Vicente Moreno hizo enfadar tras recibir una fea entrada, volvió a mandar otro de sus pases a la red. Faltaban cinco minutos para el descanso y faltaba, también, el golazo de la noche.

Una jugada coral del equipo local hizo llegar el balón a Luis Suárez quien, de espaldas al marco de Reina, conectó un violento taconazo que servía para sentenciar el partido y para que, otra vez, el Camp Nou emitiera un sonoro ‘¡oooohh!’.

No levantó el pie el Barcelona tras la reanudación. Con un Sergi Roberto omnipresente, descomunal, un enorme De Jong y un Busquets muy cómodo como siempre que sus compañeros juegan juntos, los de Valverde continuaron gustándose y combinando con rapidez para poner en aprietos a Reina, aunque fue Budimir quien, de nuevo, encontró el camino del gol tras un buen centro de Gámez y un error de Ter Stegen.

Justo después, Valverde dio descanso a Frenkie De Jong para dar entrada a Arturo Vidal y el juego del equipo se resintió en el último cuarto del partido, un periodo que sirvió para que reapareciera Carles Aleñá, desaparecido de los partidos desde mediados de agosto en aquella lejana primera jornada en San Mamés, y para que Messi completara su actuación con el hat trick.

Un día, esperemos que aún lejano, Leo Messi dejará de vestirse de corto. Y ese día, quienes visitamos asiduamente el Camp Nou lo haremos con nostalgia, con una irremediable sensación de haber perdido algo. Porque si en su día perdimos el fútbol que enamoró y triunfó como ningún otro, la permanencia de Messi en el equipo garantizaba una cantidad de magia que será difícil revivir.

Mientras tanto, bien hará el público del templo blaugrana de disfrutar todos los minutos del argentino. Y hará bien, además, en hacerlo sin parpadear para poder explicar a sus nietos que un día, un año, una vida, vieron jugar a un señor llamado Lionel Messi.

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