Messi decide abandonar el Barcelona

Se acabó. Messi ha decidido que tiene suficiente y ha comunicado al Barça mediante un burofax que quiere abandonar el club. Seguramente porque Leo Messi no quiere al Barça. El símbolo de la época más gloriosa del equipo, el futbolista reconocido unánimemente como el mejor del mundo, se va por la puerta de atrás víctima de las mentiras de la junta directiva que preside Josep Maria Bartomeu.

El adiós de Leo Messi supone el ignominioso colofón a un trabajo de una década. 10 años en los que primero Sandro Rosell y después su delfín y hombre de paja se han dedicado a derruir, sin prisa pero sin pausa, todo lo que heredaron. Llegaron sin más modelo que el de acabar con sus predecesores y se irán con el objetivo cumplido.

Dejando de lado, que es mucho dejar, el asunto de la presidencia de honor de Cruyff, la lista de esta directiva persistente como la gota malaya es larga: enseñar la puerta al mejor entrenador del mundo, ser incapaz de impulsar una reforma del Camp Nou que cada vez infla más su presupuesto, la sanción de FIFA, dar bandazos en los fichajes y la estructura deportiva… ¿Para qué insistir en ello?

Con todo, hay dos aspectos que deberían ser motivo suficiente para correr a gorrazos a la junta y a los socios que refrendaron su no-modelo: el más grave de todos ellos fue el vergonzoso acuerdo que salvó el culo de Rosell y Bartomeu a costa de condenar al Barça por dos delitos fiscales cometidos por ellos mismos. Siguieron ahí como si nada gracias a la complicidad –en unos casos comprada con promociones y en otras con la adhesión inquebrantable de quien sigue un régimen totalitario– de los dos principales diarios deportivos de la ciudad.

El segundo es lo de hoy, Messi se irá nueve meses antes que quienes han maldirigido el club. Nueve meses antes de que el socio, seguramente en una nueva excepción, coloque en el cargo a alguien que no tenga en el nuñismo y en barto-rosellismo su ideal de club.

Tendremos entonces, probablemente, un paréntesis como el de 2003-2010 y después, como ocurre siempre, el socio volverá a votar por los señoritos de bien, por los chicos de ESADE o quién sabe por qué otra forma que adopte ese demonio que autoconsume siempre al Barça.

En los próximos días leeremos mucha mierda sobre Messi salida desde el club y transfigurada en forma de columna periodística, tertulianos con el estómago agradecido, gente valorando que se libera masa salarial con su marcha e ignorando cómo se van a renegociar los contratos de patrocinio sin la figura del argentino. Eso ya se lo encontrarán los que vengan, pensarán.

Cruyff devolvió su pin en la recepción de las oficinas, Guardiola se fue hastiado del club y Messi quiere hacer exactamente lo mismo. Pero no pasará nada porque, entre la pandemia y la ausencia de público en el estadio, a esta gente le trae al pairo lo que piense el socio.

Y vendrán las elecciones. Y si no en las próximas, en las siguientes habrá 25.000 (si no más) idiotas que volverán a confiar en quien pueda convertir al club no en el nuevo Milán, como se ha dicho, sino en aquel otro Barça de las Recopas que era hace 35 años.

Porque ya se sabe que cuando un tonto sigue una linde, la linde acaba y el tonto sigue.

Cómo estará Messi para dejar el club de su vida, por el que mostró siempre devoción y agradecimiento.

Buen viaje, Leo. Y gracias por todo. Por el fútbol, por los títulos y por la paciencia.

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