Mateu Lahoz se adueña del derbi

Mateu Lahoz se hizo con el derbi catalán después de que Barça e Espanyol empataran a uno en una magnífica y soleada tarde en el Camp Nou. El valenciano no defraudó a sus seguidores y cerró el año con una actuación muy desquiciante, de aquellas que Tito Vilanova definió como “desconcertante”.

El regreso de la Liga al estadio culer tras al mayor parón de la historia tenía muchos alicientes y algunos interrogantes. Entre los primeros, la visita de un Espanyol molesto ante la presencia de Lewandowski, habilitado para el partido después de que un tribunal de Madrid decidiera la suspensión cautelar a su sanción de tres partidos en un tan sigiloso como ágil movimiento de los servicios jurídicos del club. En cuando a los interrogantes, el principal era conocer cómo reaccionaría a la hora de acusar el virus FIFA que suele castigarle con más frecuencia de la deseada.

Con el delantero polaco a su disposición, Xavi decidió acompañarle con Raphinha y un Ansu Fati que debería ir ya recuperando poco a poco el protagonismo que tenía antes de sus lesiones, cuando sus apariciones eran sinónimo de peligro, cuando no de gol.

El tanto, sin embargo, no llegó de la mano del polaco ni del 10, sino de Marcos Alonso, quien tradujo la superioridad local rematando un córner que había forzado Gavi tras una brillante salvada por Álvaro in extremis. Habían transcurrido siete minutos y el partido parecía inclinarse claramente en favor de un Barça que tuvo en sendos remates de Ansu y de Marcos la oportunidad, desaprovechada, de aumentar la diferencia en el único videomarcador que queda en el Camp Nou.

El Espanyol parecía dar por buena la derrota por la mínima y no se aproximó a la portería de Ter Stegen hasta el minuto 33 con un disparo que acabaría en córner. El tedioso juego blanquiazul pareció contagiar al once de Xavi, que bajó el ritmo y, salvo un par de intentonas de Raphinha, no volvió a crear peligro en el primer tiempo. El choque transcurría con un ritmo tan soporífero que incluso Mateu Lahoz decidió señalar el descanso unos segundos antes de cumplirse el tiempo reglamentario.

Tras el descanso, el árbitro valenciano dejó pasar unos minutos hasta decidir que, si no había juego, nada mejor que erigirse en protagonista del encuentro. El Barça generó apenas un par de ocasiones antes de que Gavi debiera abandonar el campo por molestias en la zona lumbar, dejando su puesto a Busquets. En el minuto 60, Xavi cambió de extremos y solo diez minutos después, un pisotón involuntario a Joselu se convirtió en el penalti que supuso la igualada final.

A partir de ese momento, con 20 minutos por jugarse, Mateu Lahoz comenzó su festival de bipolaridad: ahora colegueo con el futbolista, ahora le amonesto; ahora le doy la charla a Xavi, ahora le enseño la amarilla. El primero en sufrir su ataque de protagonismo fue Jordi Alba, un tipo acostumbrado a estar en todos los líos que poco menos que se autoexpulsó tras ver dos amarillas en cuatro minutos, una por protestar al árbitro. Dos minutos después enseñó roja por doble amarilla a Vinicius Sosa y directa a Cabrera por una acción sobre Lewandowski, que después retiró tras visionar el VAR y no convirtió en una amarilla que hubiera supuesto igualmente la expulsión del defensa blanquiazul. En total, 14 tarjetas amarillas y 2 rojas.

Se cierra un año marcado por los fracasos en Europa y una presunta recuperación blaugrana en la Liga, pero también el año que marcará, si no lo remedia alguna normativa, la retirada de Mateu Lahoz del arbitraje. Un día que parecía muy lejano pero que cada vez está más cerca.

Feliz año.

Foto: FC Barcelona

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