Marathon du Médoc, el maratón del vino

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En medio de la vorágine marquista que se ha instalado en el deporte popular, todavía existen carreras donde lo único que importa es divertirse. Este es el caso del maratón más singular de cuantos se celebran por el mundo: Le Marathon du Médoc, también conocida por Le Marathon des Chateaux du Médoc. Este maratón, que ha llegado a su vigésimo novena edición, celebrada en la región francesa de Médoc, al norte de Burdeos, recorre 59 viñedos y sus respectivos castillos en sus 42.195 metros.

Lo que hace que la prueba sea una auténtica fiesta es que cada dos kilómetros se sirva una cata de vino y productos típicos de la zona. El vino, como no podría ser de otra manera, se sirve en una copa de cristal. Los más de veinte puntos de avituallamiento, en los que no faltan el agua, las bebidas isotónicas o la fruta para quien realmente tenga la necesidad de competir por su mejor marca, tienen los curiosos nombres de Chateau Lafite Rothschild, Chateau Mouton Rothschild, Chateau Pichon Lonqueville o Chateau Beychevelles entre otros.

Esta peculiar carrera, iniciada hace ya treinta años, nada tiene que ver con la idea original que un grupo de médicos de la zona propusieron para incitar a la practica del deporte a sus vecinos. A medida que se sucedían las ediciones la gente que acudía a animar a los corredores les servía el producto estrella de la región y, con más de 1.500 viñedos, este no podía ser otro que el vino.

Este singular añadido acabó convirtiéndose en el mayor reclamo del maratón. Si en su primera edición, en 1984, tomaban la salida 500 corredores, hoy en día no se pueden satisfacer las cerca de 16.000 solicitudes de los poco más de 8.500 dorsales que se reparten. Corredores de más de 50 países se han acercado hasta esta región francesa que, tras el maratón de París, acoge al mayor número de participantes de Francia.

Hoy en día, el vino ya no es la única excusa para pasárselo en grande. La gente acude a la salida disfrazada y con altas dosis de buen humor. Saben que tienen hasta seis horas y media para completar los 42,195 kilómetros. Aunque parezca imposible más del 90% consigue llegar a la meta. Con lo fácil que es acabar durmiendo la mona cobijado bajo la sombra de algún pino.

Debido a que el cambio del terreno es constante de asfalto a tierra y se atraviesan viñedos, el tiempo del ganador supera las 2h25m, normalmente, con lo cual no es precisamente uno de los maratones más rápidos del mundo. Aún así el ganador y la ganadora, que seguramente no han podido degustar los caldos cada dos kilómetros, reciben como premio, su peso en botellas de vino.

Durante el mes de febrero de cada año se abren las inscripciones de la carrera, que se celebra en septiembre. Inscripciones que se agotan a las pocas horas. Así que, si alguien desea probar suerte, ha de ser bastante más rápido en febrero de lo que lo será en septiembre durante el maratón. Lo que queda claro que esta sí que parece ser una carrera que hay que correr una vez en la vida. Acabarla ya depende de la tolerancia de cada uno al alcohol.

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