¡Manolo, marca ya!

1977. El año en que en el Registro Civil se pudieron por fin inscribir nombres en catalán o euskera. El año de la matanza de Atocha, el del mayor accidente de aviación (583 muertos) en el aeropuerto de Los Rodeos, el de la legalización del Partido Comunista de España, el de las primeras elecciones de la democracia, el de la muerte de ElvisGroucho Maria Callas o el último partido como profesional de Pelé con el Cosmos. Y, también, el año en que se pusieron vallas en los campos de fútbol de España.

El 30 de enero de aquel año el Barça, líder, arrancó un positivo empate en el Bernabéu, manteniéndose en el liderato gracias a que el Atlético no pasó del mismo 1-1 en Salamanca. Se jugaba la jornada 20 y nada hacía pensar en el habitual derrumbe del equipo barcelonista. Todo estaba por llegar.

Y todo comenzó a explotar una semana después, el seis de febrero, con ocasión de la visita del Málaga al Camp Nou, una fría tarde de domingo que degeneró en un escándalo mayúsculo, con la segunda expulsión de Johan Cruyff desde que jugaba en España (curiosamente la primera la había sufrido en La Rosaleda y abandonó el campo rodeado por los ‘Grises’) y una frase, tan mítica y legendaria como falsa, que pasó a la historia. «¡Manolo marca ya!» Manolo, Clares, no marcó en aquel partido que ganó el Barça por 2-1 pero la exclamación quedó para siempre en el imaginario del barcelonismo.

Aquel seis de febrero, a los 34 minutos de partido y ganando el Barça por 1-0, un centro cerrado al área pequeña de Mora fue rematado en fuera de juego y con la mano por Esteban. El gol, para pasmo de todo el mundo, fue dado por válido por el árbitro del partido, Ricardo Melero Guaza. Mediada la segunda parte Neeskens marcó el 2-1, poco después saltó un espectador al césped con una muleta y una senyera y a un cuarto de hora del final estalló todo. En cuatro minutos, Melero no señaló un claro penalti de Laguna Cruyff, anuló un gol por fuera de juego al holandés y pasó por alto otro penalti por manos de un defensa andaluz. En ese momento, con el público ya encendido, Johan acudió a protestar y se ganó la tarjeta amarilla… que en un instante degeneró en expulsión.

Rodeado de futbolistas, el árbitro se mantuvo impasible y Johan abandonó el campo con cara de póker. Acabó el partido como el rosario de la aurora, con invasión de campo y agresión al árbitro en una escena dantesca para dar paso a la leyenda. Mientras las autoridades decidían imponer las vallas en los estadios, Cruyff puso en marcha su estrategia de comunicación, que se basó en afirmar, en jurar y perjurar, que solamente había exclamado «¡Manolo, marca ya!» dirigiéndose a su compañero Clares. Hubo días después, incluso, un careo en el que Johan se mantuvo inalterable en su declaración… Y sufrió una sanción de tres partidos.

Años después, siendo ya entrenador del Dream TeamCruyff echó por tierra su propia leyenda. «Con todas las letras se lo dije: Hijo de puta», admitió el holandés rememorando aquella tarde de 1977. Pero el «¡Manolo, marca ya!» no desapareció, no desaparece, del imaginario barcelonista. Clares, un goleador de los de antes, trabajador infatigable del área, fue el protagonista involuntario precisamente una tarde en que no marcó, pero que marcó su nombre para siempre.

LA CAÍDA
A partir de aquel domingo llegó el derrumbe. El Barça, que salió de aquella jornada 21 líder y con un punto de ventaja sobre el Atlético de Madrid, cosechó tres empates y tres derrotas consecutivas en las siguientes seis jornadas, descolgándose a cuatro puntos del equipo colchonero, a la postre campeón. El veinte de marzo, en Burgos, acabó por hundirse en todos los órdenes aquel equipo de Michels, en otra histórica jornada concluida en una discoteca de Madrid… Pero, como si de un Titanic se tratase, el hundimiento en seis actos lo fue sufriendo ante Salamanca (2-0), Athletic (0-2), Atlético (1-1), Hércules (2-2), Sevilla (3-3) y Burgos (1-0). Curiosamente, en El Helmántico y en el Rico Pérez, Juanito Barrios, dos ex jugadores del Barça, fueron protagonistas con sus goles de la caída de aquel líder con los pies de barro. Ironías del destino.

EL ESCENARIO
La expulsión de Cruyff, el escándalo del Camp Nou, la sanción de tres partidos al holandés, el escarnio sufrido por el Barça, fueron vistos entonces y son recordados ahora como un ataque del ‘centralismo’ a una Catalunya que bramaba por la restauración de la Generalitat, que el once de septiembre reunió a más de un millón de personas en las calles de Barcelona reclamando el Estatut y que se sentía víctima de una opresión que ahogaba su personalidad. Aquel seis de febrero, los agresores de Melero Guaza no fueron jovenzuelos ultras bajo la bandera de un hooliganismo que no existía en España, sino aficionados de mediana edad que incluso argumentaron su acción.

«Le cacé bien, yo le di el puñetazo mejor colocado. Sentí un relajamiento inmenso. Me dije: ya está. De acuerdo, no era correcto, pero son ya muchos años de mafia contra el Barça, de dictadura contra Catalunya. ¿Por qué tuvo que expulsar a Cruyff aquí en casa? Vengué una ofensa a Cruyff. ¿Cuándo va a invitar el señor Montal a Porta (presidente de la Federación) al Camp Nou? Tenemos preparadas para él y para Plaza (presidente Comité de Árbitros) dos sogas que colgarán del dedo de Colón». Son algunas de las palabras, declaradas a la desaparecida revista Don Balón, de quien saltó al campo a linchar a Melero Guaza.

Campo: Camp Nou, 80.000 espectadores.
Árbitro: Ricardo Melero Guaza. Amonestó a Mora y Castronovo. Expulsó (75′) a Cruyff.
FC Barcelona: Mora, Ramos, Migueli, Olmo, Amarillo, Neeskens, Sánchez, Asensi, Marcial (Rexach 69′), Cruyff y Clares.
CD Málaga: Meléndez, Aráez, Vavá, Popó, Laguna, Vilanova, Cervera (Aicart 69′), Vílchez, Castronovo, Requejo y Esteban.
Goles: 1-0, Cruyff (18′). 1-1, Esteban (34′). 2-1, Neeskens (59′).

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