Malos estudiantes

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Todos hemos protagonizado, vivido y en ocasiones sufrido –especialmente los que son padres- el típico episodio del estudiante que, al traer las notas a casas con un buen número de suspensos, es capaz de enumerar toda una serie de excusas causantes de ese resultado. A esa retahíla de excusas le acompañan automáticamente toda una proposición de buenas intenciones: estudiar más, ver menos la televisión, salir menos… a la vez de una clara muestra de arrepentimiento y de autoconsciencia del problema.

En el interior de los sufridos padres, conocedores de que esas malas notas son una verdadera consecuencia de no haberse esforzado lo suficiente durante el trimestre, esas buenas intenciones suenan como música para sus oídos, esperanzados en que por fin su hijo va a volver de nuevo al camino del buen estudiante, aquel del que hace tan sólo unos pocos trimestres formaba parte.

Pero pasadas unas semanas, los padres vuelven a comprobar como su hijo sigue sin modificar su actitud frente a los estudios y saben que aquellas palabras quedarán de nuevo en el olvido y que las próximas notas no serán mucho más alentadoras que las últimas, porque saben que su hijo ha perdido lo más importante: la motivación por estudiar y, lo que es peor, la necesidad.

Desde ya finales de la temporada pasada y sobre todo en la presente, estamos asistiendo a un indecente festival de excusas y de buenos propósitos de parte del núcleo más duro del vestuario. Piqué, el profesional por horas, encabeza este club de malos estudiantes, secundado principalmente por Cesc y Xavi.

Es indecente ver como Gerard Piqué -en un estado de forma deplorable para un profesional y para el que fue hace tan sólo dos temporadas y media uno de los mejores centrales del mundo- tiene la cara dura de dirigirse continuamente a la afición culé dando lecciones acerca de lo que debería hacer -recuerden lo de dejar el carnet en la eliminatoria ante el Milan la temporada pasada-, enumerando una excusa tras otra o bien profiriendo toda una serie de buenas intenciones para remediar la situación.

El aficionado culé seguramente preferiría que Piqué -como Xavi o Cesc- hablara menos ante los micrófonos, dieran menos lecciones de barcelonismo y, por contra, volvieran al nivel futbolístico y físico que a un profesional por un lado y a jugadores de su calidad por otro, se les presupone. Porque mientras ello no suceda, carece de credibilidad ninguna el mensaje que esos jugadores puedan transmitir.

Así que dejen de actuar como los malos estudiantes y si quieren volver a tener sobresalientes el próximo trimestre, vuelvan a estudiar. Dejen de poner excusas. Estudiar, estudiar y estudiar. Traducido al mundo del fútbol, entrenar, entrenar y entrenar, pero sobre todo entrenar por y para el club que les paga.

Y cuando vuelvan los sobresalientes, entonces que vuelvan a hablar y a dar lecciones de barcelonismo. Mientras, mejor callados.

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