Malbarsalunisme

Malbarsalunisme (Mal barcelonisme). En catalán, vocablo inventado utilizado para definir a aquellos seguidores del Barça más críticos. Este concepto surge en el entorno culé cuando hay disparidad de criterios sobre el rumbo del equipo o del club. Los que ven que la nave va a la deriva suelen ser etiquetados así por los más optimistas.

Prendrem mal“, dijo Pep Guardiola. Y dos años después el aficionado se sigue preguntando el porqué de esas palabras y de su marcha.

Más allá de la casi intrascendente derrota ante el Ajax -el Barça está clasificado para la siguiente ronda de Champions, a un empate de ser primero de grupo y cabalga líder en la Liga- muchas son las alarmas que se encienden en la mente de los barcelonistas. Los más resultadistas parecen despertar sólo ante las derrotas. Otros ya llevan tiempo avisando: algo pasa. Demasiados partidos ganados sin méritos ni buenas sensaciones. No se trata de cargar contra el Tata Martino por su primera derrota, ni de poner en cuestión su estilo o los cambios que desea introducir, para los que debería gozar de un tiempo prudencial de gracia. Se trata de analizar qué está pasando con el Barça y si realmente el equipo, los jugadores, la esencia del perfume, va en barrena desde 2012 o si es sólo es una falsa sensación. Que no controle los partidos, que pierda infinidad de balones y que base su juego en una posesión estéril y en el contraataque no es un buen presagio. Que encima muestre indolencia y una total falta de actitud nos lleva a pensar que no hemos aprendido nada desde la dolorosa debacle contra el Bayern de Munich.

No nos podemos permitir jugar un primer tiempo como jugamos hoy. Tendremos que reflexionar un poco entre todos, conversar entre los muchachos, porque la diferencia es de intensidades“. Son palabras de Martino al final del partido. No, mire, Tata, cuanto menos converse con los muchachos mejor. Para eso ya estaba Roura, al que poco caso le hacían. Me da la impresión de que usted, con toda su sapiencia futbolística -que la tiene- y sus buenas intenciones, poco tiene que rascar a la hora de redirigir un buque que pese a su grandeza se puede ir a Pique, valga como paradigma de la metáfora el defensa cuyo estado de forma está a años luz del suplente Bartra. Poco va a hacer usted para recuperar el hambre de Iniesta, la chispa de Pedro o la juventud de Xavi y Puyol, cuyos recambios marcharon y no llegaron respectivamente. Poco o nada va a poder hacer para asegurar un buen relevo en la portería. A los que recordamos los años entre Zubizarreta y Valdés nos vienen sudores fríos pensando en la que se avecina. Y ya no digamos sobre el hecho de que se le diese puerta al gran Éric Abidal, el hombre que superó mil batallas y que levantó la Champions en Wembley. Qué bien nos iría el defensa francés para suplir las bajas, sobre todo la de un esforzado Adriano en lesión perenne. Igual, Martino podría usted hacer algo para repartir mejor los minutos de los jugadores, pero eso tiene mil lecturas y no creo que sea la cuestión de fondo.

El problema, lo grave de todo esto, es la sensación de que no hay nadie al mando que vaya a poner las cosas en su sitio. Con el mejor Barça de la historia y mientras hubo un entrenador omnipresente cuyo nombre no repetiremos para no herir sensibilidades, se controlaba hasta el más mínimo detalle. Bueno, al menos mientras estuvo arropado por una directiva que creyó en él y que luchó por defenderle. Con la llegada de la actual junta asumió aún más roles y se quemó. No entraremos a discutir la culpa de que tirase la toalla, si fue suya o de la directiva. Y podremos cuestionar si fue o no mérito de este entrenador y de su grandísimo ayudante que Messi no se lesionase, que el equipo tirase adelante con un gran sistema de juego y pese a algunos fichajes fallidos o que imprimiese una tensión y actitud brutales, lo nunca visto en un equipo de estrellas. Ni siquiera pondremos en duda que no gozase de algún golpe de suerte en forma de gol milagroso.

Pero lo que es difícil de cuestionar es el hecho de que actualmente no hay ninguna figura que muestre un poder absoluto sobre la plantilla. Sobre su planificación y su implicación. Ni un entrenador recién llegado, con poco conocimiento de la casa y con tremendas ganas de agradar a todos -jugadores incluidos-, ni un director deportivo cuya pasividad y falta de méritos exaspera, y mucho menos una junta directiva más preocupada en llevar el club como un negocio y por cumplir leyes absurdas que por imprimir una idea deportiva. Su proyecto futbolístico a día de hoy sigue siendo desconocido. Da la impresión de que han estado viviendo por inercia de la herencia recibida. Da escalofríos pensar que están rompiendo el juguete.

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