Existe unanimidad acerca de la condición de fuera de serie de Luis Suárez. Dejando aparte el rebrote de valoritis que ha sufrido más de uno desde que el uruguayo mordiera a Chiellini, cuestionar la calidad del delantero del Liverpool es poco menos que absurdo.

Otra cosa es que podamos intuir cuál sería su encaje en el juego del Barça de la próxima temporada, pero para eso deberíamos hacer antes otro ejercicio de imaginación e intentar averiguar a qué va a jugar Luis Enrique. ¿Pondrá a Messi de ‘enganche’ por detrás de Neymar y Suárez? ¿Jugará con un delantero centro de referencia? ¿Mantendrá la figura del falso 9 con dos jugadores enganchados a las bandas?

Lo único que sabemos es que el estilo, como se ha dicho hasta la saciedad, es irrenunciable. Pero el estilo no implica necesariamente la inamovilidad del esquema, ni tampoco de la situación física de los jugadores sobre el césped. Así que, dado que lo único que podemos hacer es especular, centremos el debate en un aspecto más prosaico: el dinero.

Si, como se dice desde Inglaterra, el montante del traspaso del uruguayo al Barça rondaría los 90 millones de euros, ¿es caro Luis Suárez? Objetivamente, 90 millones de euros es una barbaridad; en la práctica, la cosa cambia. ¿Fue caro Cesc Fàbregas, que valió la mitad? ¿Y Dani Alves? Neymar, que costó aún más dinero, ¿fue un chollo o un atraco?

Dejemos de lado por un momento –que es mucho dejar– que lo que realmente necesita el equipo es reforzar la línea defensiva y centrémonos en Suárez. En esto del fútbol, la inversión en un jugador sólo puede valorarse en función de dos parámetros que, además, no pueden disociarse: el tiempo y los resultados.

El año pasado por estas fechas todo el mundo se echaba las manos a la cabeza porque el Real Madrid había pagado el gusto y las ganas por Gareth Bale. 91 millones según el equipo blanco (no fuera que Ronaldo se enfadara), 101 según el Tottenham. Un dineral por un portento físico que posee un descomunal disparo pero que no sería, precisamente, un clon de Maradona. Mientras en el Barça presumían de haber fichado por “57 millones y punto” al brasileño de los peinados mutantes, Florentino Pérez –cuyo bolsillo no parece tener fondo gracias al modo en que mucha gente mira hacia otro lado– decidía que la casa blanca no reparaba en gastos por hacerse con galés.

Un año después, Bale fue clave en la consecución de la Copa del Rey y, sobre todo, en la final de Lisboa que trajo consigo la ‘décima’ de marras. Tiempo y resultados. Otra vez tiempo y resultados. ¿Fue caro el fichaje de Gareth Bale?

Y ahora, una parrafada y 90 millones de euros después (espero que sean unos cuantos menos), permítanme que repita la pregunta inicial:

¿Es caro Luis Suárez?