Un problema serio

El clima de euforia que se despertó entre el barcelonismo tras la llegada de Luis Enrique al banquillo se ha deshinchado como un globo en apenas unas semanas. La derrota en París en el primer choque serio de la temporada fue achacada, no sin cierta razón, a errores individuales, pero supuso también un primer aviso que se confirmaría en el Santiago Bernabéu: el Barça no tiene un plan. Al menos de momento.

Sería de necios negar que el equipo no juega bien. O peor aún, que a veces parece no jugar. Ya no se trata solamente de haber perdido la esencia del juego de posición que ha definido al Barça en los últimos años. Tampoco de ver un equipo partido que menosprecia el centro del campo, pilar sobre el que edificó –con permiso de Messi– su más reciente y victoriosa historia. Ni siquiera las palabras de Pep Guardiola o Johan Cruyff reclamando paciencia para Luis Enrique parecen traer algo de calma, seguramente porque es más goloso criticar cualquier cosa que salga de su boca que escuchar a dos de los principales artífices del Barça moderno. Como decía el torero, ‘hay gente pa tó‘.

Aclaremos, no obstante, una obviedad: Luis Enrique no es Guardiola. Ni para lo bueno, ni para lo malo. Guardiola tenía un ascendente general sobre el club –al menos hasta que se fue y algunos buitres aprovecharon para despedazarle– que jamás tendrá el asturiano. Pep dominaba todos los ámbitos del Barça, entre ellos la sala de prensa, donde imponía su criterio gracias a su capacidad para argumentar y, sobre todo, a la seguridad que le confería un triunfo tras otro. Y ese espacio es, seguramente, mucho más importante de lo que pueda parecer.

No fueron pocas las voces entre la prensa que presagiaron en verano una relación tensa con el hoy entrenador del Barça. Luis Enrique, acostumbrado a la soledad del corredor de fondo, parece seguir a la suya, aunque cada vez transmite más tensión en sus comparecencias públicas. Probablemente uno de sus errores sea no hablar de fútbol, pero no es menos cierto que Lucho no cuenta con un club de fans entre los periodistas, muchos de los cuales le ‘sufrieron’ en su época de jugador.

En resumen: a Luis Enrique no le gusta la prensa y a mucha prensa no le gusta Luis Enrique. Y ahí, Houston, tenemos un problema más grave de lo que muchos piensan. Un problema que solo el juego, o tal vez ni eso, puede solventar.

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