Luis Enrique, siempre negativo

El gritito simiesco proferido por Cristiano Ronaldo acaparó gran parte de la atención en la Gala del Balón de Oro. Sin embargo, otros detalles muy significativos pasaron desapercibidos en el comportamiento de la estrella blanca: la aparición ‘sorpresa’ de su hijo, la referencia explícita a Leo Messi en el discurso o los elogios al argentino en la rueda de prensa previa fueron algunos de ellos. Podríamos discutir la sinceridad de todos estos gestos –seguramente sólo él la sabrá–, pero lo que sí parece claro es el esfuerzo que desde hace ya algún tiempo lleva a cabo el crack portugués por mostrar una faceta más cordial, más humana, de su figura. Todos estos guiños no parecen hechos de forma gratuita, puesto que si algo se le ha achacado siempre al de Madeira ha sido esa actitud arrogante, incluso rabiosa a veces, que chirriaba un poco con la imagen de hombre anuncio que quería proyectar.

Vender una idea

He ahí la madre del cordero. Nos guste o no, en un mundo tan mediatizado y comercializado cualquier jugador, entrenador o club de primer nivel es susceptible de convertirse en un producto, en una marca. Como tal, siguiendo las reglas más básicas que encontraríamos en cualquier curso de marketing online nivel 1, una marca tiene que transmitir una idea, sugerir algo. Así pues, si nos fijamos en las figuras que conforman el fútbol de élite, todas y cada una de ellas intentan, con más o menos acierto, asemejarse más o menos a la realidad, transmitirnos algo: el ‘Més que un Club’ del Barça, el señorío del Real Madrid, la elegancia de Thierry Henry, el genio indomable e impredecible de Ibrahimovic o ‘The Special One’, la alegría de Neymar, la pasión de Simeone… Es cierto que algunos se prestan más que otros, pero incluso los menos dados a ello pueden transformar sus carencias o su timidez en un mensaje positivo. Estoy pensando por ejemplo en la sencillez de Iniesta, la elogiada normalidad y sentido común de Carlo Ancelotti o la pasión enfermiza por el balón de Leo Messi.

No obstante, todo esto no parece ir con Luis Enrique Martínez. Salvo en su primer mes en el cargo, el entrenador del Barça no ha dudado en mostrar de manera reiterada su cara más esquiva y huraña en cada una de las respuestas que ofrece. Hay quién quiso ver en esta actitud de Luis Enrique a un Mourinho 2.0 en versión azulgrana. Nada más lejos de la realidad. La diferencia reside en que el portugués sabe perfectamente qué repercusión tendrán su actitud y su mensaje delante de los micros y decide jugar al juego a su manera. Lo del técnico asturiano es bien distinto, es pura animadversión y aburrimiento por periodistas, medios y toda la comparsa que acompaña el día a día del equipo.

A cara de perro

luis enrique
Luis Enrique no se siente cómodo en la sala de prensa.

Es muy lícito que Luis Enrique deteste someterse a un interrogatorio no siempre cómodo, unas cuatro veces por semana. Incluso es respetable que, igual que a muchos de nosotros nos pasa con dentistas, médicos o agentes teleoperadoras, aborrezca un gremio periodístico que no siempre está acertado a la hora de formular sus preguntas. No somos quién para valorar las filias y las fobias de Luis Enrique. Sin embargo, el quid de la cuestión lo señaló hace unos días Joan María Pou tras la derrota ante la Real Sociedad: una rueda de prensa no se trata de una terna entre Luis Enrique y las decenas de profesionales que tiene delante, se trata del mensaje que el entrenador del Barça (perdónenme que me ponga tan grandilocuente) le lanza ¡al mundo!

Parece incomprensible que un hombre que se rodea de un ejército de profesionales para cuidar el más mínimo detalle, no se dé cuenta del error que supone enviar día sí día también, en la derrota y en la victoria, una proyección negativa y que nadie le haya aconsejado al respecto. Porque si antes repasábamos un concepto básico del marketing, otro de la comunicación estratégica es que un discurso basado en su mayoría sobre inputs negativos a la larga siempre tiende a fracasar. El problema reviste mayor gravedad si recordamos que cuando comparece el entrenador lo hace como portavoz oficioso del Fútbol Club Barcelona (que no es que vaya sobrado de voces autorizadas, precisamente). Está claro que la actuación de Luis Enrique en la sala de prensa no hará que el equipo meta más o menos goles, pero sí que nos puede ayudar a entender algunos de los incendios que se han sucedido y se sucederán en estos meses.

El tiempo y sobre todo los éxitos deportivos dictarán sentencia sobre el acierto o el fracaso del asturiano en el banquillo azulgrana, aunque recordemos que Guardiola ya nos advirtió de que en esto del fútbol, el feeling también importa. Ojalá Luis Enrique tenga mejor suerte que tuvo el último entrenador que quiso gobernar con mano de hierro en un entorno lleno de espinas.

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