Los pequeños atletas descalzos


Todo comenzó con un sueño, el sueño de una niña que hablaba de puestas de sol naranjas, timbales y acacias, y por una pasión: el atletismo

Hace tres años vio la luz un proyecto para fomentar los valores del atletismo en niños sin recursos y personas con discapacidad en lugares desfavorecidos. Nació en un orfanato de Luanda (Angola), llamado Lar Kuzola (hogar de amor), un lugar fundado en 1979 para albergar a los niños que perdieron a sus padres en la guerra civil que asoló aquel país y en la que falleció más de medio millón de personas. Hoy en día, Lar Kuzola es un hogar para niños de la calle de Luanda, para adultos con discapacidad psíquica o física, y tambien para jóvenes traídos por la policía tras cometer algún delito menor que les permitiera sobrevivir.

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Allí, en ese contexto, se creó una escuela de atletismo cuyo trabajo culminó con la organización de unos juegos olímpicos: Os Jogos Olimpicos de Lar Kuzola. “Los chicos aprendieron las distintas pruebas de atletismo: saltos de longitud y altura, lanzamientos de peso, disco, jabalina, obstáculos… y sobre todo aprendieron a ser un equipo. Pero ellos nos dieron una lección aún mayor: ¿Por qué no podrían ellos correr más rápido, saltar más alto o ser más fuertes?” Quien habla así es Isabel González Yagüe, directora de la asociación Esprinta África, que trabaja para hacer llegar el atletismo a niños sin recursos y a personas con discapacidad en los rincones más desfavorecidos del planeta.

Aprovechando la participación de Isabel en el Medio Maratón Proyecto Sáhara -quedó segunda clasificada categoría senior femenina y quinta de la general femenina- se organizaron unas segundas “Olimpiadas Solidarias,” esta vez en mitad del desierto del Sáhara para los niños de los campamentos de refugiados.

Actualmente, la asociación está buscando un lugar apropiado para poder crear una escuela de atletismo “lo que no está resultando una tarea sencilla”, cuenta González. La idea es utilizar el deporte para intentar alejar a los niños de las calles y de los riesgos que ellas conllevan: drogas, delincuencia, violencia… Mientras tanto, Esprinta África sigue organizando eventos deportivos en suelo africano con la colaboración de familiares, amigos, clubes deportivos, donaciones privadas o ayuntamientos.

Toda esta historia ha dado como resultado la publicación de “La sonrisa de Tango“, una novela escrita por la propia Isabel González Yagüe que está inspirada en los chicos del orfanato y cuyos beneficios se reinvertirán en los proyectos de Esprinta África. Somos un proyecto muy pequeño“, dice la autora.

Pero, ¿y quién no ha sido pequeño? Como se diría en swahili: Pole-Pole, poco a poco.

Para conocer algo más acerca de los pequeños atletas descalzos puedes visitar el blog de Esprinta África.

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