Los niños no entienden de nostalgia

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Los Denver Broncos (6-1) fueron despojados ayer de su condición de invictos ante los Indianapolis Colts (5-2) en un partido que será recordado durante años. Peyton Manning, quarterback de los Broncos, volvía a casa, al estadio en el que trituró semanalmente a los rivales durante años. Máxima estrella de la historia de los Colts, fue cortado cuando, después de un año sin jugar, la franquicia tenía la opción de elegir a Andrew Luck, un portento que recién salía de la universidad. La decisión ha resultado ser beneficiosa para ambas partes: Manning va camino de la Superbowl con un tremendo equipo y los Colts se han reconstruido con éxito alrededor de la figura de un jugador especial.

El homenaje a Peyton antes del partido fue el único gesto de amabilidad que la hinchada tuvo con su ex-jugador. El estadio Lucas Oil, tan callado cuando Manning vestía de azul, fue una fuente incesante de decibelios, dificultando la comunicación del 18 con su equipo. Además, el propietario de la franquicia, Jim Irsay, deparó una sorpresa más para el mayor de los Manning: abrió el techo del estadio, hecho que odiaba Peyton en sus días de Colt. Todo esto en la misma semana en la que Irsay confesaba sentirse frustrado por tener sólo un anillo de campeón en la era Manning a pesar de los números de dibujos animados que tenía su equipo. Visto el partido de ayer, parece que se metió en la cabeza del que fuera jugador franquicia.

Nada de eso hacían presagiar los primeros minutos. Los Colts salieron mal en ataque y dejaron buena situación de partida para el ataque dirigido por Manning, que sólo necesitó dos drives para volver a anotarse un pase de TD en Indy. Los aficionados, conocedores del ataque brutal de Denver (nunca jamás un equipo había anotado tantos puntos después de seis partidos), se temieron lo peor. Sin embargo, el chaval que recoge los snaps vestido de azul no es nada malo a pesar de no llevar el 18 y no se dejó amedrentar por la abusona ofensiva de los Broncos. Andrew Luck (21/38, 228 yd, 3 TD, 1 TD en carrera), visiblemente motivado en cada uno de sus gestos, acabó lanzando tres pases de touchdown y corrió para otro más, situando el marcador en 33-14 en el tercer cuarto. La locura se desató en el Lucas Oil.

Manning (29/49, 386 yd, 3 TD, 1 INT), dejando de lado un buen inicio, estuvo errático en exceso, desdibujado. Capturado un par de veces por su ex-compañero Robert Mathis, sintió o bien la presión o bien la dureza de la defensa Colt, aunque muy probablemente fuera una mezcla de las dos cosas. Sólo al final logró poner en alerta a los aficionados, cuando con 16 puntos en el último cuarto amenazó un triunfo que parecía encarrilado. Aún así, no transmitió esa imagen de emperador despótico de sus previos partidos ni pudo establecer una buena dinámica con sus receptores, machacados por una excepcional defensa de los locales.

Al final, Indianapolis se llevó la victoria por 39-33 y Manning un homenaje que le sabrá a poco. Andrew Luck, a pesar de su edad, se ha hecho ya con el corazón de los aficionados y partidos como el de ayer confirman que la decisión tomada en 2011 fue la adecuada. La noticia negativa de la noche se produjo cuando Reggie Wayne, el veterano receptor de los Colts, se lesionó la rodilla al intentar recoger un balón de Luck que lo dejaba solo para touchdown. Hoy se harán las pruebas de resonancia magnética para determinar el alcance de la lesión. Por lo demás, será una mañana feliz para los seguidores de los Colts, equipo que ya ha derrotado a los 49ers, Seahawks y a los imparables Broncos. En noches como la de ayer, Andrew Luck y estos Colts parecen no tener techo.

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