La liga inmerecida

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Estas últimas semanas ha surgido un concepto interesante alrededor de la Liga: el merecimiento. En una competición que se prolonga de agosto a mayo y que consta de 38 partidos sin favorecer a ningún equipo (todos juegan contra todos, uno en casa y uno fuera) cuesta encontrar el sitio a algo tan abstracto como merecer o no un campeonato, pero no son pocas las voces que se alzan pidiendo el título para el Atlético de Madrid. Porque se lo merece y el Barça no.

Huelga decir que todo el debate del merecimiento ha nacido toda vez que el Madrid ya no estaba en la lucha. El Barça ha alcanzado unas cotas de excelencia tan elevadas durante los últimos años que verlo arrastrarse por el terreno de juego y conquistando más resultados que corazones es un ejercicio doloroso, más propio del masoquismo al que obliga la nostalgia. Sin embargo, con más pena que gloria, el Barcelona ha amasado 86 puntos y le basta con tres más para ganar el campeonato. Eso significa que los rivales, merecimientos o no al margen, no lo han hecho significativamente mejor que los culés, ya que de otra manera estos no habrían llegado al último partido dependiendo de ellos mismos.

No se debe mezclar el merecer con el mérito de un equipo. El Atlético de Madrid tiene mucho mérito. Muchísimo. Con un presupuesto varias veces inferior a los dos grandes ha llegado a la final de la Liga como líder y a la de la Champions League. Simeone ha armado un equipo siderúrgico, frustrante para los rivales que le quieren hincar el diente y vertiginoso en ataque. Si huelen sangre, matan. Con un grupo de jugadores que eran semidesconocidos o directamente denostados dos años y medio atrás, lo ha competido todo hasta el final. El fútbol los debería premiar con títulos.

Pero el fútbol no es justo. Ni entiende de merecimientos.

Si el Barça gana el próximo sábado al Atlético, habrá sacado 4 puntos de 6 ante los colchoneros y 6 de 6 ante el Madrid. En comparación, el conjunto del Calderón acabaría con 5/12 ante sus rivales y los merengues con 1/12. ¿Es por ello que merece más la Liga que sus rivales? Ni por asomo. Esos teóricos diez puntos no tienen valor alguno sin los otros 76 que mantienen al Barça aferrado a la Liga. ¿Sería injusto que un equipo con 89 puntos cantara el alirón? Ese argumento queda invalidado toda vez que los demás equipos no han sido capaces de superar ese registro de puntos en las mismas jornadas y ante los mismos rivales que los azulgranas. En un todos contra todos que se alarga durante diez meses no hay sitio para presupuestos, no valen más las victorias del Rayo que las del Madrid.

Otro asunto es el juego. El Barça no ha jugado bien. Es más, con toda la carne en el asador, se han desentendido de la lucha y si han llegado vivos es porque los otros contendientes atraviesan una depresión de juego y resultados que permite jugar con las matemáticas, nada más. No obstante, uno mira hacia la capital y se encuentra con dos equipos que tampoco están jugando mejor. El Atlético ha vivido al filo en un gran número de partidos esta temporada y el Madrid puede contar los buenos encuentros esta temporada con los dedos de una mano y aún le sobrarían un par. Si alguno de los dos equipos de la capital hubiese tenido algo más de fútbol en las piernas esta Liga ya no estaría al alcance del Barça, situación que tampoco parecería importar mucho a unos jugadores que se han ido despidiendo del campeonato, sea por ausencia física o mental, paulatinamente.

Y, aún con todo, están a tres puntos de merecer la Liga.

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