Lewandowski y Dembélé propulsan al Barça

No hay nada mejor para un aficionado que escuchar el himno de la Liga de Campeones en su estadio. Es el síntoma del regreso del fútbol en su máxima expresión, un retorno que sabe aún mejor cuando después de más de un lustro de constante declive y de encadenar ridículos europeos, el seguidor culer puede sentirse esperanzado. Y más después de ver de lo que es capaz Robert Lewandowski.

Tras el paréntesis que supuso el efímero paso por la Europa League, el Barça que saltó al césped del Camp Nou poco se asemejaba al que se despidió en abril del fútbol de élite, rodeado de aficionados el Eintracht y con un sonrojo difícilmente descriptible.

Cerrado por fin el mercado veraniego, el trabajo de Mateu Alemany, Jordi Cruyff y Joan Laporta ha conseguido darle la vuelta al equipo como quien gira un calcetín. La revolución, personificada en la figura de Lewandowski, es un hecho, y el primero en sufrirlo en sus carnes fue el tan ilusionado como débil Viktoria Plzen.

Ausentes aún los recién incorporados Héctor Bellerín y Marcos Alonso, Xavi aprovechó para hacer rotaciones en todas las líneas, dando entrada a Jordi Alba, Christensen y Sergi Roberto en defensa, a Kessie en el centro del campo junto a De Jong y Pedri y a Ansu Fati como acompañante de Dembélé. En la cabeza, Ter Stegen; en punta, el hambre de gol y la capacidad de generar situaciones de peligro de Lewandowski.

Menos de un cuarto de hora tardó el conjunto local en perforar la meta de Stanek. Lewandowski ya había dado el primer aviso unos minutos antes, pero fue Kessie quien deshizo el empate inicial a la salida de un córner y aprovechando el toque de cabeza de un magnífico Koundé.

El Barça llegaba con peligro gracias a un excelente Roberto. El hoy capitán se asoció bien con Dembélé y no dejaron de acosar la portería checa, aunque la falta de puntería y el acierto del meta visitante evitaron que le ventaja fuera mayor.

El susto llegó al filo del minuto 25, cuando el árbitro señaló penalti de Christensen a Mosquera y le mostró la tarjeta roja. Una rápida consulta a la pantalla del VAR serviría para imprimir un giro de 180 grados a la jugada, que acabó con amarilla al delantero visitante por un codazo al defensa danés previo al presunto penalti.

En apenas ocho minutos, los que tardó Lewandowski en anotar el 2-0 a pase de Sergi Roberto, todo volvió al plácido cauce que se presumía antes del encuentro. Pero ocurre que la Champions League no perdona, aunque un grande se enfrente al rival más débil. Cuando los aficionados estaban a punto de desenfundar sus bocadillos para el descanso, un despiste defensivo permitió a Sykora recortar distancias.

Corrigió la anomalía Dembélé en una de las mejores actuaciones que se le recuerdan, pese a un par de pérdidas absurdas en los inicios del partido. Su presión le permitió recuperar una pelota en la banda derecha del ataque para poner un centro tenso pero preciso que Lewandowski, en plancha, colocó en la red. 3-1 y, ahora sí, tiempo de bocadillo en la grada para disfrutar del segundo tiempo.

Una reanudación que dejó varios detalles interesantes, comenzando por los primeros minutos de Piqué, siguiendo con el primer hat trick del delantero polaco desde que viste la zamarra blaugrana y terminando con el reencuentro de Ferran Torres con el gol para colocar, tras un excelente pase de Dembélé, el 5-1 en el marcado. Sirvió también para que Pablo Torre, que estuvo a punto de volver a Santander hace unos días, debutara con el primer equipo en el Camp Nou en un partido de Champions League.

Un retorno plácido de la máxima competición europea al templo blaugrana ante un rival inocente que permite desterrar el sabor a hiel de la última aparición continental en el estadio culer, tan cercana en el tiempo y tan lejana en el recuerdo.

Foto: FC Barcelona

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