La noche que Laurent Blanc nos devolvió el fútbol

En algunas aunque cada vez más escasas ocasiones, el fútbol es justo con su esencia. En otras, recurre a la épica para volver a atraer a sus redes a unos aficionados demasiado acostumbrados en los últimos años al desempeño cartesiano con el que algunos técnicos tiñen el día a día de sus equipos.

A fuerza de sufrirlo como espectadores hemos asimilado como normal que el fútbol se juegue y se defina en la pizarra y no en el césped. Abandonamos la estética y la diversión para centrarlo todo en el resultado. Da igual que el sopor se adueñe de nosotros durante 90 minutos si al final nuestro equipo vence y sigue adelante, porque definitivamente hemos desterrado el romanticismo clásico para agarrarnos al pragmatismo como filosofía de vida.

Lo que importa es ganar y da lo mismo si por el camino perdemos la razón que nos aproximó al fútbol. La persecución del triunfo ha pervertido este deporte de tal manera que muchos de los que asisten al estadio o lo ven por televisión se dan ya por satisfechos si cuando el árbitro señala el final, el resultado es favorable para sus colores.

laurent blanc
Laurent Blanc celebra el pase del PSG a cuartos de final de la Liga de Campeones.

Para mucha gente, hoy importa más la figura de Mourinho que la de Hazard, del mismo modo que se le da más relevancia al cuaderno cuadriculado de Van Gaal que a Van Persie o a la capacidad motivadora de Simeone por delante de la creatividad de Arda Turan.

Pese a esa corriente finalista que mira el resultado y desdeña el camino para lograrlo, aún quedan oasis de esperanza para quienes miran el fútbol con la intención de divertirse. Como en algunas películas, son los ‘malos‘ quienes con frecuencia acaban imponiéndose, pero persiste todavía esa raza de técnicos que continúan otorgando a lo que ocurre en el verde la importancia que merece. Se trata de gente que valora al futbolista atleta y su despliegue físico, pero que jamás lo sobrepone al talento del estilista, al tipo que mueve y mima el balón porque considera que esa es la mejor vía para lograr el triunfo.

Laurent Blanc es uno de esos tipos. Anoche, su equipo logró el triunfo ante el Chelsea de un modo agónico y ofreciendo un enorme derroche de ganas, valentía y lucha. Pero por encima de todo, ayer triunfó el planteamiento osado del francés frente a la tacañería de Mourinho, la calidad de Verratti y Pastore frente a la fuerza de Matic y la indolencia de Cesc Fàbregas.

Ayer en Stamford Bridge, la ilusión venció a la soberbia y la flexibilidad a la rigidez. Anoche, como cuando éramos pequeños y no sabíamos qué era, la pizarra dobló la rodilla ante el talento en el césped.

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