Las tres ecuaciones del estilo

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que el aficionado azulgrana no sólo podía presumir de ganarlo todo, sino que además podía alardear de cómo vencía su equipo. Durante aquella época dorada se empezó a forjar la idea que el Fútbol Club Barcelona se había hecho mayor ¡al fin! y parecía haber cambiado el chip victimista definitivamente, para siempre. Incluso algunos ilusos llegamos a creer que, pese a no poder ganar ad aeternum, aquel equipo nos dejaba como legado inquebrantable el orgullo por nuestra fórmula. Eso éramos, unos ilusos.

No podemos decir que no estuviésemos avisados, el propio Pep Guardiola ya nos advirtió en el libro Senda de Campeones de Martí Perarnau:

Será cuando se pierda, cuando se sabrá si existe auténtica fidelidad al modelo. Porque no olvidemos que, no hace demasiado tiempo, cuando el Bayern ganaba la Champions o cuando la ganaban los ingleses en España se decía que el modelo Barça era caduco y obsoleto. Que con ese modelo no se podía ir a ninguna parte, que era anticuado”.

Ni un lustro ha tenido que pasar para comprobar que, a la que han empezado a venir mal dadas, tertulianos, articulistas y opinadores de barra de bar han sacado a pasear su lado más tribunero para atacar con voracidad ‘el Estilo’.

¡Bufff, ‘el estilo’! uno de esos conceptos como ‘los valores’ ‘la paz social’ o el ‘ADN Barça’ que de tan sobados por propios y extraños acaban vacíos de contenido, causando cierto repelús incluso al más partidario de todos ellos.

Ante el runrún que empezó la temporada pasada y que sigue creciendo en ésta, podríamos hacer una defensa de retórica exaltada sobre lo que nos ha hecho grandes y escribir un texto sentido sobre la infinitud de virtudes del modelo. Sin embargo, permítanme plantearles tres ecuaciones o tres ejercicios de lógica, llámenlo como quieran, muy simples.

1. El estilo

Si asumimos que ‘El estilo’ se impuso en 1988 con la llegada de Johan Cruyff y que se ha mantenido de forma más o menos constante con algunas excepciones (la temporada 96/97 a las órdenes de Robson, por ejemplo) tenemos que:

X: La forma de jugar del Barça se ha mantenido invariable durante 26 años.

Y: Los resultados cosechados a lo largo de las distintas temporadas sí han variado año a año.

El modelo era algo similar tanto en la Primera Copa de Europa conseguida en Wembley como en el pasillo del 4-1 en el Santiago Bernabéu en la última temporada de Rijkaard. Los fundamentos que compartían el Barça ganador en París 2006 y el de la debacle ante el Bayern de Múnich eran los mismos. ¿Eso qué quiere decir? Prueben ustedes de cocinar un plato del Celler de Can Roca en casa; me atrevo a decir que no les saldrá igual. ¿Es que a caso la receta es mala? No, simplemente no cuentan ni con los instrumentos ni con la experiencia ni con el mismo talento. Por lo tanto, podemos concluir que ‘El Estilo’ no es la poción mágica para todo, como tampoco es el culpable de nada. La calidad de los jugadores, la intensidad con la que se ejecuta, la clarividencia del entrenador y otros muchos factores son los que lo convierten en válido o no.

Habiendo resuelto la primera, vamos por la segunda.

2. Los jugadores

Ya no tenemos los jugadores para jugar con este estilo”. Eso es algo discutible. ¿No tienen la suficiente calidad los Rakitic, Rafinha, Suárez y compañía para jugar a lo mismo que se ha venido jugando? Bueno, pongamos que es cierto y que no se puede. Una vez nos hemos hecho a la idea que no volveremos a ver la mejor versión de Xavi, Iniesta y Busquets y que con Puyol y Valdés fuera ya no tenemos nada que se les asemeje, y suponiendo que todo esto sea así, ¿qué parece más coherente?

X: Cambiar toda la estructura del fútbol formativo desde los Pre-Benjamines hasta el Barça B, hacer borrón y cuenta nueva y modificar el discurso que ha enarbolado el Club como seña de identidad por todo el mundo durante un cuarto de siglo.

Y: Buscar las mejores piezas para reemplazar dentro del propio plantel o en el mercado de fichajes (cuando se podía), asumiendo que difícilmente se puede llegar al nivel excelso de sus predecesores. Y en caso que los máximos responsables del área deportiva fracasen de forma repetida, depurar responsabilidades de quien no ha sabido cumplir su función.

La segunda respuesta parece bastante clara, también. Avancemos a la tercera y última.

3. A ver si lo adivinan.

X= (12+4) : 26

Y = (10+0) : 89

¿Saben de qué les hablo? X son los títulos de Liga y Champions League conseguidos en estos últimos 26 años. Y, los que se consiguieron en los 89 años anteriores. Sí, es cierto, ésta es una simplificación muy exagerada. Hay decenas de Copas, Recopas y otros torneos que se obvian en esta fórmula que no hace del todo justicia con El Barça de les Cinc Copes, con figuras como Kubala, Samitier, Helenio Herrera o Terry Venables y con muchos otros ilustres nombres. Es tan cierto que el Barça no nació con Johan Cruyff como que fue bajo sus preceptos con los que subió un peldaño y se situó en el lugar en el que por historia y por masa social se merecía.

Una vez resueltos estos tres ejercicios mentales, cuando alguien les venga con el rollo de que “el Tiki-Taka está obsoleto” (no hay frase más odiosa en el mundo, por cierto) les recomiendo que no se empeñen en alabar las bondades románticas del modelo. Los hechos demuestran que Guardiola tenía razón y que en tiempos de vacas flacas no hay lugar para la lírica. Datos, simplemente datos.

Escarben un poco y observarán que, hasta que no se demuestre lo contrario, jugar bien es la mejor manera de ser resultadista.

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