Desde que el Barça de Guardiola alcanzó el cénit del fútbol mundial aclamado en todas partes menos en la central lechera, todo el mundo se puso a estudiar su caso de éxito.  Sus métodos, su filosofía, sus figuras, su juego, su estructura… En definitiva, todas las claves de su proyecto.
Ese éxito alcanzado, y más aún, la forma en que se hizo, levantó pasiones encontradas entre afines y rivales (de dentro y de fuera).

Una vez eliminada la línea defensiva formada por Laporta y Guardiola en torno a Messi, quedó expedito el camino para iniciar el acoso y derribo de Messi, como máximo icono del barcelonismo de todos los tiempos.
Sin embargo, los tripletes han sobrevivido tanto los ataques externos, como incluso a las luchas intestinas, y Messi volvió a erigirse en artífice de un Barça trinfante que, alejado por Luis Enrique de la doctrina del tiqui-taca, se encumbró de nuevo ante los ojos atónitos del mundo del fútbol en tan sólo 6 meses. Así que, visto que no puede ser por lo deportivo, ya hace tiempo se abrió la predicada vía de lo civil y lo criminal…

A un club que históricamente sobrevivió del victimismo hasta los estertores de la dictadura, le resulta hasta cierto punto familiar, y no del todo descabellado, atribuir todas sus calamidades a la teoría de la mano negra esgrimida por su actual presidente. Más aún, visto el hostigamiento y desamparo al que se ha expuesto el club.  Si bien es cierto que buscar la cuadratura de los postes, es un ejercicio futil, el goteo malayo en que se ha convertido institucionalmente la persecución al Barça, ha trascendido fronteras y va dejando un reguero de evidencias.  A saber:

El asunto de las esteladas de Berlín (denunciadas via satélite).
El inacabable caso de La Masía (denunciado por los propios progenitores), con la sanción de no poder inscribir jugadores hasta enero.
La imputación del presidente Bartomeu y el anterior, Sandro Rosell.
El estrecho marcaje de la Agencia Tributaria a Messi convenientemente reseñado.
La persecución a Neymar y todo lo que le rodea.
La impuntación de Javier Mascherano por un supuesto delito fiscal
El ejemplarizante castigo a Piqué como jugador del Barça, donde quizá, más nítidamente confluye el doble rasero que se aplica. Esto es, a la par que se le aplica la pena máxima como jugador del Barça, por un supuesto insulto al linier, se le defiende a ultranza de los silbidos por parte del presidente del Consejo Superior de Deportes Miguel Cardenal, cuando el jugador se enfunda la camiseta de la selección española…

Así pués el Barça se siente acosado en los despachos y  en los terrenos por la dureza de los rivales, consentida por el estamento arbitral. Y todo ello en un momento de especial sensibilidad sociopolítica.

Normalmente es el precio a pagar por ser el campeón, el equipo que levanta envidias. Es obvio que la era triunfal de Messi está haciendo mucho daño a los que quieren imponer a toda costa un modelo de fútbol basado en el pelotazo, ya sea “stricto sensu“, o financieramente hablando. No solo se han logrado y se seguirán logrando éxitos, sino que además se está provocando el efecto contrario: cada día crece el apoyo a Messi, al Barça y a lo que ambos representan, y por contra, ya no es noticia la animadversión que levanta el modelo opuesto.

Estratégicamente, lo único que le queda a un equipo golpeado por el infortunio y acuciado por la mala planificación, es hacer una coraza y ocultar sus bazas lo máximo posible. Sólo desde este punto de vista, sería comprensible el hermetismo impuesto en el club para que trascienda lo menos posible. Aparcando el sentimiento y con la razón en mano, más de uno admitiría ese “modus operandi“.

Lo que ocurre, es que eso tiene un lado negativo, como es el deterioro de la comunicación con los medios informativos, que al fin y al cabo son los que día sí, día también, promocionan y dan relevancia a todo lo que acontece alrededor del club y de los ídolos de masas que son los futbolistas. Y también tiene un lado bueno, cual es que los jugadores se aislan de la presión cada vez mayor sobre el Barça.

Cada baja, supone un duro golpe para el colectivo, que ya se ve muy mermado de efectivos, por unas causas y por otras. Y es ahí, donde Luis Enrique ha de buscar la solución. Privado de su línea de creación, no le quedará más remedio que dejar las rotaciones y sacar provecho de una situación tan adversa, procurando que las dos caras de un equipo inescrutable, lo sean aún más.

En el campo (y en las ruedas de prensa), esto se traduce en no ofrecer pistas al rival, que no sabrá exactamente a qué guión atenerse. Si salir a por uvas alegremente ahora que no están Iniesta y Messi, o especular. Y curiosamente, la retahíla de bajas por lesión que ha ido minando al equipo, puede convertirse en su mejor arma. Al Luis Enrique hermético de las ruedas de prensa, le puede venir como anillo al dedo que los rivales no sepan a qué palo jugarle.

Tal vez la solución sea más simple al disponer de un cañonero como Luis Suárez y utilizar un fútbol más directo. Las bajas justificarían el cambio de estilo y el técnico no tendría que calentarse la cabeza con esquemas de juego diferentes. Todo puede resultar más sencillo, o a lo mejor es más complicado. Mañana, ante el Sevilla, tendremos la primera pista.