Laporta y el silencio de los corderos

Por indefinición o por estrategia, por acción u omisión, el silencio que mantiene Joan Laporta acerca de su concurrencia o no a las elecciones a la presidencia del Barça va a acabar con las reservas de ansiolíticos en varias zonas de Barcelona. Las reacciones a la información que firma Moisés Llorens en el diario As y que habla de una alianza entre Laporta y Víctor Font es una muestra más de la inquietud que genera el expresidente –a partes iguales pero por diversas razones– entre quienes desean su vuelta y quienes no soportan siquiera esa idea.

Joan Laporta es el Coco, ese personaje dedicado en cuerpo y alma a asustar a los niños que no quieren dormir pero que necesitan de su figura para, a través de su negación, intentar consolidar su mensaje y justificar sus acciones. Para otros, Laporta es Romasanta, un perverso ser capaz con su sola presencia de destripar los sueños y los anhelos, como hiciera el licántropo gallego con la vida de sus víctimas, de aquellos que desean ocupar la presidencia del Barça.

Curiosamente, el panorama electoral del club –y en consecuencia, su futuro– depende de la decisión que tome Laporta, a quien no le hemos oído últimamente más que un “lo anunciaré cuando se convoquen oficialmente las elecciones”. Juega el expresidente sus bazas y lo hace desde la ventaja que le confieren tanto su experiencia al frente del club como los palos de ciego y los procesos de desgaste que han ido marcando la trayectoria de sus sucesores.

Sabe él, mejor que nadie, que en sus manos está el que la balanza electoral se decante de un lado o de otro. Lo sabe Laporta, pero también son conscientes de ello sus posibles rivales, tanto los que salgan (sí, en plural) de la junta actual como los que, como Benedito, llevan años trabajando para crear su candidatura y su proyecto.

Laporta, que tiene la llave del arca de la alianza, guarda silencio. Un silencio que se convierte, para regocijo de muchos y pavor de otros, en un acto de sadismo que tiene en vilo al resto de candidatos, a quienes puede facilitar su ascenso a la presidencia o convertir en poco menos que un cero a la izquierda.

Mientras Josep Maria Bartomeu no ponga fecha a unos comicios que no quería convocar, la incertidumbre seguirá carcomiendo al culé ávido de poder y a quienes, como buitres, viven rodeando al establishment. Y ese tiempo, valioso como nunca, juega a favor de un Jan que mantiene la estrategia del silencio de los corderos.

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