He dejado pasar los días. Por aquello de no escribir en caliente, no vaya a ser… Pero sigo pensando igual. La reacción de los jugadores del Athletic de Bilbao ante la lambretta de Neymar Jr. en los últimos minutos de la final de Copa me parece desproporcionada. Pasa que en España está mejor visto dar una patada o hacer una entrada dura que un regate espectacular. Al menos no da que hablar, y nadie se ofende.

Cierto es que el delantero se lo podría haber ahorrado, en esto estaremos todos de acuerdo. Pero no es menos cierto que eso no debe dar pie a los jugadores rojiblancos a montar en cólera. El fútbol, además de un negocio, es un espectáculo, y los aficionados pagan su entrada o se ponen delante del televisor para disfrutar viendo jugadas de calidad, regates, goles… Y los mismos que entienden que tal vez no era el momento de utilizar ese recurso también deberían entender que en el fútbol brasileño, en la mentalidad de los jugadores brasileños, el fútbol es ginga. Si uno entiende una cosa pero no la otra, ya me perdonarán, pero está siendo tendencioso. O tenemos en cuenta todos los factores o ninguno.

Ante los puntapiés constantes y las faltas reiteradas Neymar responde con un regate cuando muchos lo harían con un codazo, un manotazo o un empujón que le hiciera merecedor de cartulina roja. No hay más. Diferente sería que el brasileño se hubiera mofado de sus rivales con una sonrisa o un gesto tras el regate. Pero no fue así.

El que escribe ha jugado a fútbol toda la vida, y ante este tipo de situaciones siempre he pensado lo mismo: si te lo ha hecho –el regate-, te aguantas. Y si puedes, en la siguiente jugada se lo devuelves. Si no puedes, te esmeras más en defenderle la próxima vez.