La vida para Nadal, la gloria para Djokovic

Arranca la primavera tenística y, con ella, lo mejor de la tierra batida. El sol recupera su reinado. Adiós a los techos retráctiles, las interrupciones o a los abrigos para ver un buen partido de tenis.

Entre otros torneos que llenarán de arcilla piernas, toallas y casi hasta nuestra pantalla, los mejores jugadores del mundo pisarán el rojizo polvo de ladrillo de Montecarlo, Barcelona, Madrid, Roma y, cómo no, Roland Garros. Cinco torneos que, si vemos la botella medio llena, puede devolver la vida (que jamás perdió del todo) a Rafa Nadal. Y también puede conceder la gloria (más que merecida) a Novak Djokovic.

Rafa acumula, en esos cinco templos de la tierra, 35 ocasiones en las que acabó, ya saben, mordiendo el trofeo. Una brutalidad difícilmente superable. Pero, mirando lo que hizo el mallorquín en su superficie predilecta el año pasado, los números invitan a ser más que precavidos. Una final, unas semifinales, dos cuartos de final y unos octavos de final. Ningún título, por muy raro que parezca. De ahí que, si Nadal encadena partidos largos, si recupera golpes que no ha dejado de albergar en su cajón del talento y si el viento físico y, sobre todo, psicológico, soplan en su favor, Rafa podría recuperar la vida que tantas desconexiones está sufriendo en su peregrinar por el circuito en los últimos años.

Esos últimos años, precisamente, son los que atesora Nole sin que nadie le haga sombra. Cuesta recordar todos sus récords pulverizados. Su lista de verdugos es cada vez más exclusiva y, aunque no despierte pasiones como Federer o Rafa, lo que es cierto es que el nivel del serbio es incontestable. Como el mejor Indurain. Sólo que Djokovic no deja a los demás ganar ni las etapas.

La tierra, eso sí, es terreno ligeramente esquivo para el serbio. Acumula siete trofeos en los cinco torneos mencionados. Nunca se ha impuesto en Barcelona. Y solo lo hizo una vez en Madrid. Pero su gran asignatura por aprobar, de la que todo el mundo del tenis está pendiente, es de si será capaz de triunfar en Roland Garros. Acumulaba diez participaciones y dos finales perdidas hasta 2014. Y, cuando todos le daban por vencedor el año pasado, Wawrinka tumbó al serbio en el partido decisivo destrozando cualquier pronóstico. Como si Chiappucci hubiera ganado a Indurain una contrarreloj larga y sin montaña. Así que, después de ganar once Grand Slams, la gloria le espera. Si levanta los brazos en los Campos Elíseos, sería de esos pocos tenistas que lo han ganado todo, cuando todo quiere decir Australia, Roland Garros, Wimbledon y New York.

Vuelve la tierra. En dos meses sabremos su veredicto. Será entonces cuando conoceremos si el pulgar queda hacia arriba o hacia abajo. Si la bola, cual emperador, cae del lado soñado, Rafa y Nole lograrán lo que tanto ansían. La vida y la gloria. Cimas tan parecidas. Y, a la vez, tan dispares.

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