La vergüenza del fútbol

La Eurocopa de fútbol que se celebra estos días en Francia está dando que hablar, y no sólo en el ámbito deportivo. Son ya varios los episodios de violencia que se han producido entre aficionados radicales de diferentes países. Rusos, ingleses, alemanes, turcos, croatas, polacos, norirlandeses, ucranianos y los propios franceses han protagonizado vergonzosos capítulos de batallas campales y destrozos de mobiliario urbano, y lo han hecho ante la pasividad de los 90.000 agentes de policía que no se emplean contra los hooligans con la misma contundencia empleada recientemente ante los manifestantes contra la reforma laboral impulsada en el mismo estado galo.

Este comportamiento es grave, sobre todo por reincidente, ya que se produce una y otra vez en el entorno de un deporte de masas que tiene un índice de violencia que supera con creces a cualquier otro. Las víctimas mortales se cuentan por miles y la incidencia de la violencia relacionada con el fútbol traspasa el entorno de los estadios, llegando incluso al ámbito doméstico.

Se han hecho diversos estudios de psicología al respecto. Destacamos este del Dr. Francisco Enrique García Ucha. En él podemos leer las probables causas de la violencia que genera este deporte, así como una serie de consejos que podrían ayudar a minimizarla.

Sorprende la escasa reacción de la sociedad para combatir esta lacra. El fútbol levanta muchas pasiones y es practicado más que otros deportes en ámbitos de marginación social, es decir, en la calle; pero también cabe destacar la escasa educación que rodea al mundillo del fútbol, a todos los niveles. Cualquiera que haya pisado un estadio o una cancha de barrio sabrá de qué va el tema. El problema se encuentra en cualquier campo, desde los de categorías infantiles, donde padres insultan a otros jugadores o a árbitros hasta los de primera división. Por no hablar de las actitudes de muchos futbolistas profesionales.

Mucho a aprender de los valores de otros deportes, como por ejemplo el rugby, donde desde las categorías más inferiores se inculca el respeto a compañeros, contrarios y árbitros.

La reacción de la UEFA –organizadora del evento– ante los episodios de violencia de estos días ha sido la de poner una multa a Rusia y amenazar con expulsar a las selecciones cuyos aficionados reincidan en disturbios. Veremos en qué quedan esas amenazas, ya que no es descabellado aventurar que, con tanto dinero en juego en entradas, derechos televisivos o patrocinadores, ninguna selección volverá a casa por motivos extradeportivos.

También cabe destacar que la sanción impuesta por UEFA a Rusia por los tremendos disturbios (hay un hombre debatiéndose entre la vida y la muerte) sea de la misma cantidad (150.000 €) que la que impuso al Fútbol Club Barcelona por la exhibición de banderas esteladas, pese al carácter completamente legal y pacífico de esta reivindicación. Un completo despropósito.

A todo esto, anteayer en Lille se vivió otro capítulo tan vergonzoso como el de la violencia. Varios aficionados ingleses se burlaron de niños necesitados, lanzándoles monedas en actitud vejatoria sin que ningún aficionado o transeúnte les llamara la atención.

https://www.youtube.com/watch?v=gKVJxJuk07o

Este episodio nos recuerda al vivido en Madrid en la previa de un partido de la pasada Champions League, entre el Atlético de Madrid y el PSV Eindhoven. Aquel día, un buen grupo de aficionados holandeses humillaron a varias mujeres que pedían limosna de una forma similar a la que ayer sufrieron los niños de Lille.

Reacción contra la violencia

¿No debería la sociedad reaccionar ante estos hechos? Si la organización del evento no actúa, ¿no deberían hacerlo los gobiernos? ¿No minimizaría el riesgo la expulsión de los equipos de las competiciones ante estas actitudes? Pagarían justos por pecadores, pero se limpiaría la imagen del fútbol y probablemente más de uno se lo pensaría dos veces antes de realizar actos de violencia o vejaciones, o incluso a ser un mero espectador cuando se producen.

Claro que estamos hablando de Europa, un conjunto de estados que mira hacia otro lado mientras más de 10.000 refugiados se ahogan en el Mediterráneo desde 2014. Refugiados que huyen de la guerra, de las amenazas de las maras o de la vulneración de los derechos humanos más básicos. Y si vergonzosa es la actuación de Europa, despreciable es la de los países del Golfo –Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Kuwait y Bahrein– u otros países de altos ingresos, como Rusia, Japón, Singapur y Corea del Sur, que no han ofrecido ninguna plaza de acogida para refugiados sirios.

Pero estos son otros temas que nada tienen que ver con el comportamiento violento, clasista y racista analizado en el artículo. O sí.

Si quieres ayudar a los refugiados, puedes hacerlo mediante un donativo a Amnistía Internacional 

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