La sincro española gira sus ojos a Berlín

Segunda en la eliminatoria de ‘Solo técnico’, Ona Carbonell comenzó este miércoles la maratón de la sincro española en el Europeo de Berlín, donde la selección aspira a colgarse cuatro medallas de plata, siempre por detrás de la inalcanzable Rusia, y mantener su status frente a la pujante, y cada día más peligrosa, Ucrania.

“Confío mucho en los objetivos y en el trabajo que hemos hecho, pero está claro que Ucrania preocupa, tanto por su gran mejoría en los últimos años… como por el criterio que puedan tener los jueces” apunta desde la capital alemana Esther Jaumà, –a quien entrevistamos en noviembre– responsable absoluta del equipo español y que transmite esa tranquilidad innata en ella, que no abandona ni ante el stress que provoca una competición de máxima presión.

Dos años después del terremoto que significó la salida de Anna Tarrés, la sincro española ha recuperado la calma. El cambio generacional que supuso la retirada de Gemma Mengual y la consolidación de las nuevas nadadoras comenzó a dar sus frutos en el Mundial del año pasado y tiene en este Europeo de Berlín la ‘prueba del algodón’, tanto por disputarse fuera de casa como por la confirmación de que a la sombra de Carbonell la selección se dirige a una madurez competitiva que la mantenga en ese segundo lugar del podio.

“El reto es ganar cuatro medallas de plata” admite sin disimulo Jaumà, quien destaca la entrada “de alguna nadadora joven a la que queremos dar una oportunidad para ver como se desenvuelve en gran competición” y explica las nuevas coreografías “más rápidas y divertidas. Se destacan la fuerza y la velocidad de ejecución y en el caso del solo de Ona se nota su mayoría de edad competitiva”.

El dúo tiene en Paula Klamburg a su gran protagonista. Amiga de la infancia de Ona, con la que ha compartido piscina, entrenos y viajes desde edad alevín, Paula tomó el puesto de Marga Crespí, lastrada por una lesión que se alargó más de lo deseado. “La recuperación iba muy lenta y llegó un momento en que debimos decidir” asevera la seleccionadora, quien admitiendo que “llegamos muy justas de tiempo”, destaca la personalidad de la nueva compañera de Carbonell: “No solo tiene la ventaja de conocerse con Ona desde pequeñas, sino que su espíritu de trabajo siempre ha sido encomiable y tenemos una confianza absoluta en lo que puede ofrecer”.

Con todo, Esther Jaumà no oculta la preocupación ante la pujanza ucraniana en un dúo cuya segundo puesto “será muy peleado”.

Más allá de la suma de medallas y de la categoría que tengan, la natación sincronizada española mantiene una salud inquebrantable. “Un campeonato absoluto, un Europeo, un Mundial, unos Juegos Olímpicos… Son la punta del iceberg pero por detrás sigue un trabajo extraordinario” recuerda la seleccionadora, contenta con sus nadadoras y expectante con el futuro a corto y medio plazo de la sincro.

“En el CAR, en estos dos últimos años, hemos trabajado muy duramente y hoy veo a las nadadoras más maduras, más fuertes, más convencidas de ellas mismas, tanto en el plano individual como en el colectivo” afirma Jaumà, quien ya ha impuesto su sello personal con sus coreografías y entiende que Berlín debe ser un punto de partida en lo que a la selección se refiere.

Agua, cloro, música, coreografías, jueces, nervios. “La ilusión es la de siempre, la responsabilidad máxima… Pero estamos preparadas. Y, lo más importante, convencidas de nuestras posibilidades y tranquilas por todo lo que hemos trabajado”.
En el fondo, cambiando las protagonistas, que no es poco, la esencia se mantiene…

 

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