La sentada del giliAncelotti

Carlo Ancelotti, futbolista legendario en el Calcio tanto en la Roma como en el Milan, siempre fue un tipo discreto. Serio y alejado de fanfarrias, Galliani fue quien le recuperó a la causa rossonera tras entrenar dos años sin éxitos a la Juventus. Desde el banquillo alcanzó tanta o más gloria que en sus cinco años como jugador. Llevó a un equipo liderado por Kaká a ganar dos Champions en tres finales y realzó desde la calma al club de un tal Berlusconi, que no es poca cosa.

Aquel Carletto parece haberse evaporado. Sólo así se entiende la estupidez mediática a la que se ha sumado de golpe. Se diría que su llegada al Real Madrid le ha convertido en un personaje que nada tiene que ver con el pasado. “Si no dan el Balón de Oro a Cristiano Ronaldo voy a vuestro sitio de ‘sentada’ de protesta en Reggiolo porque Cristiano es un profesional ejemplar y nadie se merece el Balón de Oro como él” ha exclamado en una entrevista concedida a una radio de su país, sumándose a una protesta que se avecina si el portugués no es proclamado como el número uno mundial del año por la FIFA.

La broma, tontería, de un grupo de aficionados de un pueblo italiano, o búlgaro, chino, coreano o islandés podría tener su gracia. Sin más. Que un personaje público, mediático, conocido y admirado de la talla de Carlo Ancelotti anuncie su intención de sumarse a la fiesta no es una sandez. Es una estupidez sobresaliente.

“Si Cristiano no cuidara cada detalle, también sobre su aspecto físico, no tendría esta continuidad y no podría marcar los 50 o 60 goles que marca cada año” apunta Carletto, tal cual, para argumentar una opinión que puede tener toda su validez. Pero que se antoja una gilipollez al acompañarla de su amenaza de sentada.

De Ancelotti apenas hay noticias escandalosas o por lo menos polémicas durante su etapa al frente del Milan. Fue capaz de callar al mismísimo Berlusconi y después de su salida se enfrentó a la locura de los medios sensacionalistas británicos durante su etapa en el Chelsea de Abramovich. Ganó el doblete inglés en su primer año y fue invitado a marcharse al acabar el segundo sin títulos. Pero en esos dos cursos tampoco se recuerda que perdiera la razón ante un micrófono. Ni en París, donde lidió con Ibrahimovic, perdió los papeles el amigo italiano.

Un tipo tranquilo y alejado de polémicas ha mutado en Madrid en coleccionista de broncas. De entrada, un buen día, atizó a Gerardo Martino diciéndole que no sabía aún donde estaba. Ahora amenaza con hacer una sentada si Cristiano no es Balón de Oro. Falta saber el próximo capítulo de este caballero al que no reconocerán en Italia. Igual es que Jose Mourinho, su antecesor en el banquillo, ha dejado algún virus extraño en el ambiente del Bernabéu.

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