La sanción al Madrid y la poca vergüenza

Finalmente, FIFA se decidió e hizo pública la sanción al Madrid y al Atlético, desestimando el recurso que ambos clubes habían presentado antes el comité de apelación. El caso lleva el mismo camino que el que vivimos con el FC Barcelona y llegará, como próxima estación, al TAS.

Más allá de considerar desproporcionada la sanción al Real Madrid y a su vecino y rival, como lo fue también la que sufrió el Barça, conviene detenerse unos instantes para reflexionar acerca de la actitud y las reacciones que se han producido en ambos casos, tanto a nivel institucional como periodístico.

La sanción al Madrid, idéntica a la del Barça

Los clubes de Madrid hicieron ayer pública su disconformidad en sendos comunicados, actuando como en su día el Barça. La principal diferencia –sea porque aprendieron del precedente o porque no son tan torpes– está en que ni Cerezo ni Pérez han enarbolado la vergonzosa excusa de la mano negra, una bandera que no tuvo reparos en ondear Josep Maria Bartomeu, jaleado por su grupo de cortesanas periodísticas de cabecera. Los presidentes de Real y Atlético no han hablado de momento de conspiraciones, influencias políticas ni cosas similares. También es cierto que no han reconocido haber cometido irregularidad alguna, exactamente lo mismo que hizo Bartomeu para recular semanas después y admitir problemas “administrativos”.

Si penosa fue la actitud de la junta directiva del Barça, más vergonzoso aún fue el papel de gran parte de la prensa barcelonesa, que no dudó en rendirse a los argumentos de la conspiración sin cuestionarse –salvo las siempre honrosas excepciones– la chapuza cometida por las diferentes juntas del club que, a sabiendas, se saltaron la normativa. Tocaba vender la mano negra. Mirar el dedo que señalaba la luna en lugar de exigir algún tipo de responsabilidad en el seno del club.

Periodismo cortesano

Hoy, tras conocerse la sanción al Madrid y al Atlético, muchos de esos periodistas critican el trato que recibió FC Barcelona por parte de sus colegas de la capital. Se ofenden con cinismo porque algunos de sus colegas se refirieron al Barça poco menos que como un traficante de menores, pero olvidan que todavía tienen los pantalones a la altura de los tobillos e ignoran sus nauseabundas columnas que, convertidas en El Parte, se limitaban a actuar órgano oficial de la directiva: la culpa es de Madrid, la mano negra, Florentino… De cualquiera menos de quien tomó las decisiones equivocadas, claro.

Ese mal no es algo que afecte únicamente al entorno mediático del Barça. En absoluto. Ocurre también en Madrid, donde la figura de Florentino Pérez causa pavor entre algunos miembros del gremio. Y, claro, se ha pasado de reírse de la sanción al Barça y de exigir las dimisiones que sus colegas barceloneses no se atrevieron a pedir, a clamar por la injusticia de la sanción al Real Madrid y al equipo del Manzanares.

Se ha rizado tanto el rizo que el asunto parece un guión de los hermanos Marx. Carles Vilarrubí, especialista en sacudirse las pulgas, pide autocrítica a la prensa mientras mira para otro lado cuando se le reclama lo mismo; los articulistas de Barcelona pasan cuentas a los de Madrid por su actitud sin hacer examen de la conciencia propia; los de Madrid pasan del jiji jaja al “hay que ver qué injusto es esto” y los clubes reclaman su inocencia.

Y, como decía José María Carrascal, así transcurrió el día. Pero no se duerman, que aunque la vergüenza se acabe con más frecuencia de lo que sería recomendable, la capacidad del personal para sorprendernos no tiene límite.

Comparte este artículo

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos