La plantilla se harta

A Andrés Iniesta le duelen “las mentiras”. Gerard Piqué intuye “ataques desde todos los sitios”. Víctor Valdés ve “una maquinaria contra el Barça”. El vestuario azulgrana está harto. Harto de leer y escuchar como un día tras otro se ponen en cuestión muchas cosas, se ataca, se insinúa, se desconfía, se rumorea… Y harto, quizá hasta el límite, de asistir a respuestas suaves, tranquilas, educadas y vacías de una directiva que contempla más alejada que nunca de sus intereses.

La última rueda de prensa antes de Navidad y la primera del nuevo año han dado voz a través de dos pesos pesados como son Valdés e Iniesta a esta realidad. Más allá de hablar del futuro de ambos, al margen de mostrar las ambiciones del grupo ante los retos de la temporada y de echar el capote, necesario, a un compañero (Messi) que se ha visto sometido a toda clase de ataques, los dos futbolistas han dado voz al disgusto que se intuye en la plantilla.

Y para que se cerrase el círculo, Gerard Piqué, tan puesto en cuestión por su rendimiento como diáfano es en su palabra, ha lanzado el dardo definitivo. “Es jodido ver como tu rival siempre gana” declaró el central en una amplia entrevista al diario Sport. Habló de muchas cosas, pero el fondo de su discurso fue peligrosamente similar al de sus compañeros.

El 17 de diciembre, El Mundo del Siglo XXI llevó a su portada la noticia de que el padre de Leo Messi estaba siendo investigado como sospechoso de blanquear dinero de la droga. Aquella misma tarde, ágil, Toni Freixa, portavoz de la directiva, salió al quite advirtiendo que “no todo vale” y dando por hecho que el club estaba ya cansado de tantos ataques. Pareció que, por fin, el discurso amable dejaría paso a las decisiones. Y que el “estoy muy enfadado” mutaría, de una vez, en acciones, en hechos, en denuncias, en prohibiciones. En algo. Sólo lo pareció…

A Joan Laporta, como a Gaspart o incluso a Núñez, nadie le marcaba la agenda y tal como Jan explotaba donde y de cualquier manera, Gaspart era capaz de improvisar un discurso incendiario y Núñez soltar cuatro lágrimas a la vez que destrozaba a JuanitoHugo Sánchez o Mendoza. Sacaban a la luz los más bajos instintos, por decirlo de alguna manera, del barcelonismo militante enfrentado al enemigo y entonces los medios, afines o no, se hacían eco de lo que ocurría. Y cuando ello sucedía, mientras ocurría, los jugadores vivían en su burbuja.

El presente del Barça ya no es el mismo. Desaparecido de escena Laporta, las circunstancias empujaron a Guardiola a tomar el papel protagonista, convirtiéndose en entrenador-portavoz-defensor del club ante la pasividad de la nueva directiva comandada por Sandro Rosell. Desde la marcha del entrenador la burbuja se ha roto y los jugadores, más que nunca, están en la diana e indefensos.

La puesta en escena, casi simultanea, de tres de sus pesos pesados invita a pensar que la plantilla ha dicho basta. Ahora no hay un entrenador que pueda parar los golpes porque, obviamente, el ascendente de Gerardo Martino no es el mismo que el de sus antecesores y son los propios jugadores los que se ven obligados a ejercer de bomberos para autodefenderse.

En poco más de una semana el Barça puede dar un golpe de autoridad a la Liga en el Calderón y se intuye que el ruido mediático de los próximos días alcance niveles insoportables. Y quizá es por ello que los futbolistas han dado la voz de alerta (o de alarma) ante lo que se avecina. No se trata de utilizar a los medios afines para descalificar al rival, sino simplemente de sentirse arropados por los capataces y, al frente de todos, por el jefe. Ese jefe tan ocupado en apagar los incendios que él mismo y sus compañeros van encendiendo. Ese jefe al que ocupa más hablar del Camp Nou y de las excelencias del un club megamaravilloso que bajar a la arena y ensuciarse defendiendo a los suyos.

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