La pereza del Manchester City

Otra vez el Manchester City para el Barça y el Schalke 04 para el Real Madrid. De nuevo, tras el sorteo de octavos de final de la Champions League, esa sensación de déjà vu que empieza a hacer mella entre la gente, hastiada de repeticiones, de ver a los mismos rivales y de constatar, por enésima vez, la caprichosa tendencia de la diosa Fortuna en este tipo de emparejamientos.

En febrero tendremos, de nuevo, los mismos nombres en la boca: el retorno de Touré, de Txiki Begiristain y de Ferran Soriano, las portadas con las fotos de Leo Messi y el Kun Agüero, amigos y rivales para siempre, o la elegancia (?) de Manuel Pellegrini.

Se hablará del marfileño y reaparecerán, de nuevo, quienes pongan el grito en el cielo por su marcha disparando envenenados dardos hacia la capital de Baviera y obviando el nombre de quien le quitó el puesto. Volverá el morbo de la comida entre directivos para comprobar si Josep Maria Bartomeu y Ferran Soriano vuelven a sentarse en una mesa de la que supo huir, gracias a su fulminante dimisión, Sandro Rosell.

Aparecerán artículos y columnas que recordarán, también, que el Manchester City era el demonio hasta el verano de 2013, momento en que el infierno y la causa de todos los males del Barça se trasladó a Múnich. Y también serán inevitables las comparaciones entre el trabajo del director deportivo del equipo inglés y el que no acertamos a comprender, probablemente por limitaciones nuestras, de Zubizarreta.

Nos acordaremos de Pellegrini y el favor que nos hizo acobardándose en el partido de ida de la temporada pasada –ante un Barça que ofrecía, poco más o menos, las mismas sensaciones que ahora– en un planteamiento que seguramente no querrá repetir pero que permitió al equipo culé seguir viviendo en un oasis de esperanza que se tornaría espejismo unas semanas más tarde. Abruptamente para unos y lógicamente para otros.

Todo eso y más es lo que nos espera desde hoy y hasta el mes de febrero, cuando el equipo de Luis Enrique visite el Etihad Stadium de Manchester, esperemos que con mejor pinta que hoy y con el mismo resultado que la pasada temporada.

Y mientras, en la otra acera, seguirán carcajeándose y poniendo cirios a San Isidro para que sus llamas sigan alumbrando la mano que mece las bolas de cada sorteo.

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