La nueva República Independiente de la Tarrés

Por Jordi Blanco @Elwood_white  y Francisco Ávila @pacoavila

Es un regreso al tablero, pero sin tener que empezar por la primera casilla y conociendo todos los atajos. De oca a oca y tira porque le toca después de catorce meses en el que el pequeño universo de la natación sincronizada vivió un maremoto.

Un deporte sin apenas repercusión en los medios, salvo cuando toca un Mundial o unos Juegos y se celebran sus medallas, pasó a convertirse en noticia de portada a raiz del despido de Anna Tarrés. No era un asunto menor. La seleccionadora española, la mujer que había dirigido a este deporte desde las catacumbas hasta el podio, era invitada a marcharse.

Se habló y escribió mucho de Tarrés en aquellas semanas. Reportajes de televisión, cartas acusadoras de exnadadoras y declaraciones varias que descubrieron al público la cara oculta de la sincro. Fue presentada como una especie de demonio y se vio obligada, dijo entonces y mantiene ahora, a defender su honorabilidad.

Desde entonces han pasado catorce meses. Parece una eternidad, pero Anna Tarrés no está derrotada, al contrario. Volvió a casa, al CN Kallipolis, para hacer lo único que sabe hacer.

Me mantengo en este mundo que tanto me ha dado, quizá desde otra vertiente, pero ilusionada y entregada como el primer día. Todo cambia, pero todo se mantiene”.

El próximo jueves le entregarán la Medalla de oro al mérito deportivo de la ciudad de Barcelona en una demostración de que por encima de polémicas, despidos y venganzas su obra en el universo de la natación sincronizada permanece. Recibirá un galardón que podría dar a pensar en su punto final. Pero que apenas significa un punto y seguido, porque Tarrés, desde otra perspectiva menos mediática, continúa al pie del cañón.

En Can Caralleu la que fuera seleccionadora se ha encontrado “como en casa” desde el primer día y asegura divertirse en “esta nueva etapa” emprendida.

No puedo pedir más que cumplir los objetivos que tenemos marcado que son muy claros: que las niñas crezcan aprendiendo y divirtiéndose. No se trata de ganar solamente, sino crear una buena base”.

Ganar es esa palabra a la que se ató la sincro española hace tiempo. “Que nadie olvide que para lograr los éxitos, primero se picó mucha piedra durante muchos años” rememora Tarrés. Y es inevitable a partir de ahí recordar el incendio final. Su salida traumática. “No se trata de que pensase que eso no podía suceder, lo que nunca pude imaginar es que las formas fueran esas” sigue lamentando.

Admite Anna Tarrés que en el primer momento sintió vértigo. “Pero no tanto por pensar qué podía hacer, sino por preguntarme qué ha pasado y por qué de esta manera. No estaba entrenada para afrontar aquello de golpe” asegura.

Fuera de los focos, desprende la imagen arrolladora de antaño. Transmite una ilusión sin límites al hablar de sus proyectos, de sus ‘niñas’ del Kalli y de lo que prepara para el modesto festival de Navidad del club. Le sobran ideas y le faltan medios, aquellos que tenía a su alcance cuando estaba en lo más alto y fundó la República Independiente de la Tarrés.

Porque como siempre, Anna teje voluntades a su alrededor, es el eje de una red de intercambio, en la que ella ejerce de imán y si ahora no puede contactar con Ágata Ruiz de la Prada para el diseño de un bañador, podrá integrar en su idea a un modesto chocolatero amigo.

Tarrés no olvida. No puede. Y manteniendo las formas habla sin tapujos:

Me dolió el silencio de algunas personas, la falta de gratitud de otras… Las mentiras y la hipocresía me han hecho mucho daño”.

Sin embargo, no tiene la sensación de haberse equivocado. Y, por tanto, no se arrepiente de nada: “El tiempo lo acaba poniendo todo en su sitio y estoy tan contenta y orgullosa de lo que se hizo, de lo que logramos, de lo que me ha dado la sincro que en el fondo solo tengo buenas palabras para este deporte. A veces la condición humana tiene estas cosas”.

Hubo una carta en la que se le dedicaron ataques muy duros. Declaraciones de exnadadoras que no ahorraron adjetivos en su contra. Y al final del camino su respuesta es simple: “El máximo nivel precisa de la máxima exigencia. Es simple. Mi método siempre fue el mismo y los resultados están ahí, así que tan mal no creo que lo hiciéramos”.

Vivió en su particular mundo, dedicada a la selección y alejada, cada vez más, de Madrid. “Una especie de rivalidad Madrid-Barcelona existió siempre. Pensaban que les correspondía mayor cuota de la que tenían en el equipo, en las decisiones… Tuve la suerte de tener presidentes que me dejaban hacer, pero en los últimos años el control fue mucho más asfixiante y todo parecía una agresión al poder, al presidente…”.

Hablando de presiones, Tarrés descubre que, incluso, se le llegaron a insinuar nombres de nadadoras para integrarlas dentro del equipo. “Me pincharon con eso aunque, vaya, lo tuve clarísimo. Las decisiones eran mías, eran nuestras. Conocíamos a todas las chicas, desde las juniors porque también estaban controladas. Era imposible que me pudieran imponer nada”, insiste. Cuando habla en plural se refiere a Beth Fernández, su ayudante, consejera y amiga, con la que vivió los mayores éxitos y también la caída, una persona que está a su lado también en esta nueva aventura.

Hay quien considera que Anna Tarrés no ‘supo’ venderse. No a los medios, sino al poder. Ese hecho lo admite, a su manera: “No sé si supe o no, pero es que no se pueden hacer tantas cosas a la vez y a mi lo que me interesaba era el equipo”. Ella lo resume más fácilmente:

Quizá lo que ocurre es que soy una persona rebelde e incómoda para el poder porque mi nivel de perfección es diferente.

¿Nunca intentó o pensó cambiar? La sonrisa desaparece y niega con una seriedad que roza la ofensa: “Ni cambiar ni arrepentirme. Una es como es y yo siempre fui fiel a mi proyecto y a mis ideas. A la filosofía de mi trabajo. ¿Cómo podría cambiar algo de lo que tan orgullosa me siento?”.

En un símil simple, podría compararse a la selección española de Tarrés con aquel Barça de Guardiola. Personajes implicados en su trabajo al cien por cien y exigentes con sus deportistas en la misma medida. “Mi método siempre fue el mismo y siempre me pregunto lo mismo: los jugadores del Barça ¿no pasan controles de peso? ¿Un Messi puede estar por encima de sus niveles de grasa? Nunca se pidió nada por encima de lo que implica ser una deportista de alto nivel” aclara.

Para cualquier duda ella traslada a la propia página de la Federación Española a mirar los resultados. Se los sabe de memoria: “Hace doce años no éramos nadie en el panorama internacional y durante este tiempo creamos un método y un estilo de trabajo para llegar arriba”.

Tras la exigencia máxima que supuso su etapa llegó en cierta medida la descompresión con la sucesión al frente de la selección. “No he visto cómo trabajan y solo puedo decir que los resultados hablarán en un tiempo” avisa de entrada, desmarcándose de una polémica a la que, sin embargo, no elude: “Parece ser que hay una nueva teoría de intentar alcanzar los éxitos con menos trabajo. Quizá sí hice algo mal y me arrepiento de no haber sabido más para ganar a las rusas” ironiza.

Cuando aparece el nombre de Rusia, Anna regresa al despido, invariablemente:

A mí se me echa con la excusa, dicha por el presidente (Fernando Carpena), de que la nueva política deportiva es ir a buscar el oro. Y no es que se estén acercando al oro, es que se están acercando las otras selecciones y la distancia con las rusas es cada vez mayor”.

En ese instante es cuando se centra en el último campeonato del Mundo celebrado en Barcelona y no ahorra críticas: “Yo he tenido siempre mucha autocrítica y ahora solo puedo hablar de hechos objetivos. Y esos hechos me dicen que no se ha avanzado, sino que se ha ido hacia atrás”.

Aunque es amable con las deportistas, a la mayor parte de las cuales tuvo bajo su mando y de las que asegura “serán capaces de mantenerse porque tienen una sobredosis de habilidades que no se pierden de un día para otro” se muestra mucho menos condescendiente con lo presenciado en el Palau Sant Jordi el pasado verano: “Algunas de las coreografías estuvieron por debajo de lo esperado. España debería presentar un rasgo distintivo más diferenciado, que es algo que hacía en el pasado”.

Tarrés, de hecho, advierte que se produjeron “errores importantes” y que alguna coreografía, en concreto la del ‘combo’  “precisa mucha mejora”. En general, Anna Tarrés desconoce si se progresa adecuadamente. “En todo caso, la sensación es de que se necesita mejorar”.

Avisando a la selección española, la exentrenadora contempla a las rivales con respeto. Aunque de todas, Rusia es “otra historia”, porque sigue una línea ascendente. “Tienen muchas ganas de innovar, arriesgando, apostando por juventud y con temas muy rompedores. Cada vez las veo más lejos de las rivales”, opina.

Y asegura que las rivales de las españolas que cada vez están más cerca. “En mi época ya veíamos cómo subía Ucrania. Hay mucho talento y mucho trabajo, chicas con una calidad excepcional y que lo tienen todo. Y luego está China, que ya sabemos qué es. Y suben otras… Creo que los objetivos que se marcó la federación no se han cumplido”.

Disparando con una sonrisa, Anna Tarrés espera que se sepa aprovechar “el rédito del pasado” porque cree que “las chicas tienen calidad suficiente y al final sus éxitos son de toda la sincro”, pero duda ante una metodología de trabajo distinta a la de su etapa:

El máximo nivel precisa máxima exigencia. Hablábamos de Guardiola… Creo que es el ejemplo perfecto de que para alcanzar los resultados se necesita una implicación en el trabajo absoluta. Las sonrisas y las fiestas se quedan en el bar”.

¿Y su futuro? Con los ojos puestos en las niñas del Kallipolis, no descarta nada. “Si existiese una oferta suficientemente atractiva habría que plantearse las cosas” admite antes de reconocer que sí maneja “alguna en especial que estoy estudiando”.

Mientras, no para. “Conducir un proyecto ganador motiva a cualquiera, pero no es ni una urgencia ni una necesidad. Han existido contactos con México, con Brasil, con Italia… He estado en Colombia asesorando y ahora me marcharé una semana a Canadá”, explica antes de cerrar con una duda: “No entra en mis planes marcharme. Al menos a corto plazo desde luego que no. Me divierto mucho aquí y aunque he tenido y sigo teniendo ofertas y contactos de primer nivel estoy en mi casa, cocinando muchas cosas, disfrutando…”.

Desaparece entre el vaho de la piscina. Ha sustituido sus elegantes zapatos por unos desgastados ‘crocs‘ negros, su ‘blackberry‘ continúa emitiendo pitidos y ella sigue dispuesta a volver al tablero. De oca a oca. Va a seguir jugando.

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