Más allá de la polémica y de la controversia de ver alterado un clásico tablero como el de la Copa Davis, a día de hoy nadie sabe a ciencia cierta si la final del año que viene será un éxito o un fracaso. Falta un año para comprobarlo. Sí, han caído cimientos tenísticos con muchas opiniones en contra… pero también cayeron el elevalunas manual, las cabinas a moneda o cartearte con un amor de verano. Y aquí estamos. Veamos qué pasa y cómo crece la criatura de Gerard Piqué.

Lo que preocupa a algunos es que las batallas tan épicas como eternas y sin final previsible desaparezcan de la Copa Davis. En el presente US Open, por ejemplo, ha habido 42 partidos completos que se han dilucidado en la cuarta manga. Y 15 en un último y agónico quinto set (el torneo neoyorquino, para gloria de los más impacientes, sí contempla tie break en la última manga, a diferencia de los otros ‘majors’).

En la nueva Davis, todos los partidos serán a tres sets. La pregunta es sencilla: ¿habrá tanta emoción como la vivida estos días?

Los Carballés, Cilic, Nishikori, Sousa, Puille, Shapovalov o Nadal, estos dos últimos en dos ocasiones, han visto como lo de acabar por la vía rápida, la de los tres sets “corridos”, ha sido misión imposible. Muchos espectadores guardarán en la baúl de los mejores recuerdos algunos instantes del partido de Rafa contra Khachanov o contra Thiem. Instantes que, esperemos, también se repitan en la nueva Copa Davis que arrancará el próximo curso. Ojalá la nueva competición tenga hueco para ilustres poetas de la raqueta que, no encontrando el éxito individual en un circuito cada vez más exigente, sí lo han hecho en el formato por naciones, como Leconte o Stepanek. Ojalá el prime time, los derechos televisivos y las urgencias para que los mejores salten a la pista no obstaculicen sorpresas, remontadas y momentos de esos que cuesta mucho olvidar.

El tenis siempre ha vivido (y sufrido) altibajos. Vaivenes. Intercambios de poder sobre la pista. Y a buen seguro que Gerard Piqué, la ITF y los demás partidarios están deseando que gane el mejor… sobre la pista, no sobre el papel. Y que el espectador no salga perdiendo.

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