La FIFA en el caso Neymar

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La tarde del viernes 24 de mayo de 2013, el director de fútbol del FC Barcelona, Raül Sanllehí y el representante blaugrana en Sudamérica, André Cury, acompañados por una abogada brasileña negociaban los flecos finales del traspaso de Neymar en las oficinas del Santos FC, en el estadio de la Vila Belmiro. En la reunión estaban, entre otros, el presidente en funciones del club paulista, Odilio Rodrigues, y el abogado de la entidad, Joao Vicente Gazzola. Sandro Rosell participaba de la negociación vía telefónica desde Londres, donde había asistido a un encuentro de la ECA, la asociación de clubes europeos.

El ambiente entre los dos clubes era de máxima cordialidad. Sin embargo, en ambas partes había un cierto temor, ya que el Grupo DIS, que detenía el 40% de los derechos económicos de Neymar desde marzo de 2009, amenazaba con bloquear el traspaso vía judicial y FIFA.

DIS era el Real Madrid. Florentino Pérez y su fiel escudero y ejecutor, el director general José Ángel Sánchez, habían entrado en contacto con el representante del grupo brasileño en Europa, el portugués Nelio Lucas –una figura muy conocida entre los directivos del fútbol español porque lleva los asuntos del fondo de inversión Doyen en la Península– para intentar hacerse con la joven promesa del Santos al precio que fuera. Estaban dispuestos a pagar la cláusula de rescisión de 45 millones de euros (el Barça pagó 17) y además lo completarían con una comisión para el grupo. El Barcelona lo sabía.

Aquella tarde, Sandro Rosell entró en contacto con la FIFA para saber cómo reaccionaría la entidad ante una posible embestida de DIS. La respuesta fue alentadora: el máximo organismo del fútbol mundial reconocería cualquier acuerdo entre los dos clubes, y eso fue definitivo para sellar el trato. Aquel mismo día, en la reunión de ECA, Rosell también había hablado sobre el asunto con el presidente de la UEFA, Michel Platini, y había obtenido la misma respuesta positiva.

Uno de los miedos atávicos de la FIFA es la interferencia de grupos inversores (ya sea en formato de fondos o en otras formas jurídicas) que compran los derechos económicos de los jugadores (los federativos siempre son de los clubes) con el único objetivo de multiplicar el capital inicial, sin importarles las cuestiones deportivas. Para estos ‘intrusos‘, los futbolistas son un producto más de inversión como puede ser la Bolsa de Valores, el mercado inmobiliario, las divisas o el oro.

Al estallar el ‘caso Neymar’ todo quedó en un segundo plano por la inesperada dimisión de Sandro Rosell. Cuando Bartomeu abrió las cajas negras de la operación, el barcelonismo se fijó fundamentalmente en las cantidades de los distintos contratos y no en el ‘modus operandi‘.

El Barça descubrió que había encontrado una forma absolutamente legal de driblar la normativa de FIFA que prohíbe firmar cualquier tipo de acuerdo con un futbolista antes de los seis meses previos a la finalización de su contrato. Aquí, teóricamente el Santos no podía decir nada porque le había firmado un documento en noviembre de 2011 que autorizaba a que el Barça y Neymar hablasen.

Apareció una sociedad, N&N Consultoria Esportiva, que explotaba los derechos económicos de Neymar a la finalización de su contrato con el Santos en julio de 2014. Fue con esta empresa, propiedad del padre del futbolista, con quien el Barça llegó a un acuerdo en noviembre de 2011 (en la época le prestó 10 millones de euros) para tener de forma preferencial al futbolista a partir de 2014. Una multa de incumplimiento de 40 millones de euros sellaba el acuerdo.

Por tanto, al final, se pagaron casi 40 millones de euros a través de una empresa (ésta de un familiar de un futbolista, pero podría ser de un grupo de inversión), una forma jurídica denostada por la FIFA porque es un torpedo contra el status quo operante. Se podría haber abonado esta cantidad de una forma más convencional, como era una ficha de traspaso o la indemnización por la cesión de derechos de imagen, pero se optó por ésta.

La FIFA teóricamente solo se enteró de este acuerdo con la dimisión de Rosell, ya que el Barça no tenía que ninguna obligación de enseñarlo en Zurich, porque era un entente entre una sociedad y el club.

La entidad que preside Joseph Blatter, que estaba al lado del Santos y el Barça en el traspaso de Neymar, ¿se sintió traicionada porque el Barcelona le pidió ayuda contra un grupo de inversión y otra empresa se convirtió en el elemento clave y más caro de la operación? No se sabe. Lo único cierto es que el Barça enseñó al mundo el camino para fichar a cualquier futbolista con contrato en vigor, siempre que éste abra una empresa que le gestione los derechos económicos. La jugada es magistral.

¿La FIFA se lo ha devuelto ahora con el tema de los menores sub-16 mal inscritos por el Barça y, por eso, ha desempolvado una sanción de noviembre en la semana previa al referéndum del Camp Nou y a las puertas del mercado de verano? Tampoco se sabe. ¿Casualidades? Tal vez. O quizás uno está mezclando aquí peras y manzanas y la FIFA es una multinacional en que sus departamentos no están tan conectados como se puedo pensar. En cualquier caso aquí queda una historia más del Barça y la FIFA ocurrida el último año.

Joaquim Piera es periodista y reside en Sao Paulo desde 2003.

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